EL TEMOR DE UN HOMBRE SABIO (2011) – Patrick Rothfuss

Autor: Patrick Rothfuss
Título: El temor de un hombre sabio (The Wise Man’s Fear)
Editorial: Plaza&Janes
Año: 2011
Páginas: 1.200
ISBN: 9788401339639
Valoración: ★★★★

 

Segundo asalto a la Crónica del asesino de reyes, la historia en tres actos del mago Kvothe. El libro retoma el relato exactamente allí donde lo dejó el primero: con Kote haciéndose el remolón en su nueva vida de humilde tavernero en el culo del mundo y explicando sus memorias al Cronista, en presencia de su fiel Bast. Nada nuevo. Las novedades no son el fuerte de Rothfuss. Para bien y para mal, hay que decir que no han cambiado mucho las cosas respecto cuatro años atrás. Los que leísteis mi reseña de El nombre del viento (2007) ya pudisteis comprobar que no me había terminado de encandilar. Ni fondo ni forma me entusiasmaron. Más de lo mismo, escrito de la misma manera de siempre. Mi valoración de esta segunda parte no es muy diferente, en términos generales. Si acaso, lo bueno me ha parecido más bueno, esta vez, a pesar de que lo malo no me ha parecido menos malo.

Pero vayamos por partes. El libro se puede dividir en cinco partes, más o menos delimitadas por los viajes del protagonista. En primer lugar, leemos sobre las aventuras de Kvothe en la Universidad, justo donde lo dejamos al final del primer libro. Como tal, pues, encontramos viejas aventuras y personajes, que hacen indispensable haber leído el primer volumen para entenderlos plenamente: la rivalidad con Ambrose, la búsqueda de medios para conseguir dinero, el aprendizaje de los principios de la magia y, evidentemente, su particular historia de amor con Denna (un personaje y una historia que, sinceramente, confieso que no soporto, por ramplona). Nada nuevo bajo el sol.

La segunda parte del libro se sitúa muy lejos de la Universidad, en Severen, en las posesiones del maer Álveron. Siguiendo con la misma línea narrativa del primer libro, un cambio de escenario significa también un cambio de trama, personajes y, me atrevería a decir, un cambio casi de universo mental. Si personalmente me imaginaba la Universidad al estilo medievalizante de una abadía como la de El nombre de la rosa (1980) o Hogwarts, el nuevo escenario no encaja para nada en estas coordenadas históricas y se me hace más cercano a lo que sería un Renacimiento de nuestra línea temporal. Que si las formas de cortesía de la nobleza, que si la aborrecible burocracia, que si las confabulaciones cobardes de envenenadores profesionales, etc. Incluso las intrigas palaciegas en que se ve inmerso el protagonista reafirman esta visión subjetiva mía. Casi esperas que aparezca en una esquina el Papa Borgia o que alguien esté leyendo El príncipe de Maquiavelo. Y sinceramente, no me ha terminado de convencer mucho, eso.

La tercera parte tiene lugar en una misión que debe desarrollar Kvothe lejos de Severen, siguiendo las órdenes del maer, que lo usa interesadamente casi como agente secreto. A la cabeza de un grupo heterogéneo de mercenarios, Kvothe tendrá ocasión de reencontrarse con un viejo conocido, que nos hará recordar el motivo (casi olvidado) que llevó aquel jovencito huérfano a querer inscribirse en la Universidad. Efectivamente: los Chandrian. Pero es sólo un momento, visto y no visto. Con Ambrose (ya de por sí poco más que una mosca cojonera) reducido a la mínima expresión, ¿no habría sido mejor que el autor otorgara mayor protagonismo a este enemigo? ¿Especialmente cuando el libro cojea precisamente por la falta de un antagonista claro? Pues no. Cum grano salis es como Rothfuss nos va hablando de los Chandrian y de su jefe a lo largo de todo el libro. Una lástima.

Poco a poco, vamos viendo como Kvothe se nos hace mayor. Se ve venir que toda la saga acabará conformando un enorme fresco de su vida, una auténtica novela de formación (una bildungsroman harto clásica). Un paso fundamental en esta evolución del protagonista se da a continuación, las páginas, en mi opinión, más bellas y originales de todo el libro. Me refiero a la historia con Felurian. Se trata de un cuento casi independiente dentro de la historia que estamos leyendo, que por diversas razones me ha hecho pensar en una de las historias de amor más extraordinarias que se han escrito nunca entre una hada y un mortal. Efectivamente, me refiero a la de Beren y Luthien, del padre de todo Tolkien, y que se puede leer, entre otros lugares, en el Silmarílion (1977). Ahora sí, por primera vez, Rothfuss me ha hecho caer rendido a sus pies. O en sus brazos. Los mitos de Fae, el árbol Cthaeh y sus funestas profecías, etc. Aquí se forjan algunas de las leyendas más célebres (y más bellas) que explicarán los hombres sobre Kvothe, como su capa de sombra.

A partir de aquí, el sexo toma un gran protagonismo (quién lo hubiera dicho, hasta ahora). En la cuarta parte, por ejemplo, Kvothe aprovecha sus habilidades sociales para introducirse tanto en las costumbres de los adem como en sus camas. Y es que cuando Kvothe deja a un lado sus historias con Denna, se destapa como un auténtico Casanova y no para de… holgar. Es en este punto cuando tienen lugar algunos de los (pocos) momentos auténticamente hilarantes del libro. Lo cual me lleva a preguntarme con cierto punto de irritación: ¿Por qué, sólo aquí? ¿Por qué, ya que demuestra habilidad sobrada, Rothfuss no nos hace partir de risa más a menudo? ¡No será que no ha tenido tiempo!

La quinta y última parte es el regreso del viaje. Al estilo clásico (no volveré a hablar de Campbell, pues ya lo hice en la reseña del primer volumen), Kvothe va cerrando el círculo: marcha, sufrimiento, aprendizaje, retorno. Primero vuelve con el maer y luego a la Universidad. Kvothe va por el mundo buscando el conocimiento y esta idea aparece muy bien relacionada con el concepto del viaje entendido a la manera clásica (Homero). No citaré el gastado Cavafis ni insistiré en que el método narrativo sigue fielmente a Tolkien. Pero sí quiero transcribir estas palabras, como ejemplo del homo viator que es Kvothe:

Ningún hombre es valiente si no ha andado doscientos kilómetros. Si quieres saber la verdad de quién eres, camina hasta que ninguna persona no sepa tu nombre. Viajar es el gran nivelador, el gran maestro, amargo como una medicina, más cruel que un espejo. Un buen trozo de camino te enseñará más cosas de ti mismo que cien años de introspección silenciosa.

El final, de nuevo, se me ha hecho largo. Da la impresión de que el autor está tan encantado con su libro que no lo quiere dar por terminado. Se gusta demasiado. ¿Recuerdan el final interminable de El retorno del rey (2003) en la versión extendida de Peter Jackson? Pues peor. Toda historia exige un tiempo determinado y, personalmente, creo que ésta no pedía tanto. De hecho, la insufrible tensión sexual no resuelta entre Kvothe y Denna y la falta casi absoluta de protagonismo de los Chandrian en ninguna de las dos novelas publicadas hasta ahora, parece que va por ahí: no da para llenar tantas páginas. Por eso el autor se ve obligado a estirarlo como un chicle y distraernos con historietas paralelas, hasta el previsible apoteosis final en el tercer y último libro.

Pero no quiero acabar con este sabor amargo después de tantas páginas, que en el fondo Kvothe ya se ha convertido casi en uno más de la familia. Por eso quiero copiar unas palabras de Miquel Codony, que en un artículo que ha publicado recientemente en la revista especializada SuperSonic, donde hacía un interesantísimo análisis de lo que es la fantasía épica (o heroica), destacaba la que creo que es una de las mayores virtudes del libro (aunque no sea exactamente lo que llamaríamos “méritos literarios”):

El nombre del viento consiguió atravesar una de las fronteras más difíciles de franquear para las novelas de género: la del fandom.

Me niego a admitir que Rothfuss sea el renovador/inventor de nada. Si acaso un alumno maravilloso y aventajado del Maestro. Lo que es innegable, sin embargo, y en eso le doy la razón a Miquel, es que ha conseguido algo que nadie (o casi nadie, si obviamos a George R. R. Martin) había conseguido antes: que cualquier persona pueda interesarse por un libro de fantasía épica, sea lector de fantasía épica o no. Y que me perdone el fandom.

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El temor de un hombre sabio ★★★★
Las puertas de piedra
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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