LA BÚSQUEDA EN SUEÑOS DE LA IGNOTA KADATH (1948) – H. P. Lovecraft

Autor: H. P. Lovecraft
Título: La búsqueda en sueños de la ignota Kadath (The Dream-Quest of Unknown Kadath)
Editorial: Valdemar
Editor: Juan Antonio Molina Foix
Año: 2005 (1948)
Páginas: 124 [dentro Narrativa Completa, vol 1, p. 617-740]
ISBN: 9788477025290
Valoración: ★★★★★

 

Este relato, el más extenso que escribió Lovecraft (a menos que lo consideremos una novela corta), pertenece al ciclo de historias de terror onírico protagonizadas por Randolph Carter. Antes que en “La búsqueda en sueños de la ignota Kadath”, Carter ya había aparecido, con mayor o menor protagonismo, en “La declaración de Randolph Carter” (1919), “El innombrable” (1923) y “La llave de plata” (1926). En este primer grupo, Lovecraft ponía las bases de esta dimensión paralela a la nuestra en la que hay unas leyes, una geografía y unos dioses que viven en los sueños. Después vendrían “El caso de Charles Dexter Ward” (1927), “A través de las puertas de la llave de plata” (1933) y “Más allá de los eones” (1933). A través de todos estos relatos, Lovecraft construye una biografía ficticia más o menos exacta de Randolph Carter y un retrato del mundo de la luna y los sueños en el que muchos han querido ver rasgos de la propia vida interior del autor.

“La búsqueda en sueños de la ignota Kadath” fue escrito entre 1926 y 1927, pero Lovecraft no lo dio nunca por terminado. Por eso no se publicó nunca en vida suya y tuvo que esperar hasta 1948 para ver la luz, cuando el autor ya hacía once años que criaba malvas, pese a ser uno de los relatos centrales de sus mitos. El cuento es un viaje extraordinario del protagonista, el ex estudiante de la fabulosa Universidad de Miskatonic y actualmente aventurero y anticuario Randolph Carter, que pretende llegar a la maravillosa ciudad de los sueños en Kadath para ver frente a frente los Grandes dioses primigenios.

Deseaba volar hasta el castillo de ónice en lo alto de la ignota Kadath en el yermo helado para suplicar a los Grandes que le permitieran el acceso a la ciudad del crepúsculo que le negaban.

El autor aprovecha esta historia para conectar con todas sus historias anteriores, consiguiendo de manera muy exitosa dar unidad a su mitología de terrores cósmicos. Si bien Cthulhu es el gran ausente, Nyarlathotep (el terror reptante) y Nodens, una especie de dios de dioses que Lovecraft coge prestado de una antigua divinidad celta, Nuada, toman el relevo esta vez al gran sacerdote del particular panteón de terrores lovecraftianos. Todo ello sin mencionar la basta serie de seres de pesadilla que transitan por el mundo de los sueños, paralelo al nuestro de la víspera: shantaks, noctívagos demacrados, gules, etc.

El texto está repleto de referencias a relatos anteriores, especialmente a “Los gatos de Ulthar” (1920), en la primera parte, y a “El modelo de Pickman” (1927), en todo aquello referente a Richard Upton Pickman. Pero no sólo. También encontramos guiños a “Nyarlahothep” (1921), a “Celephaïs” (1922), a “Los otros dioses” (1933) y a muchos otros. De hecho, “La búsqueda en sueños de la ignota Kadath” es el gran relato de Lovecraft sobre las ciudades inexistentes, así que cualquier referencia a ciudades aparecida anteriormente es digna de mención aquí: desde Kingsport a Arkham, desde Sarcomand a Sarnath. A los entusiastas de la intertextualidad también les gustará saber que el sello que aparece en la Torre de Koth, que conduce del mundo de la vigilia al mundo de los sueños, algunos afirman que es en realidad otra representación del Signo Amarillo, invención de Robert W. Chambers. No es la única referencia al amarillo:

Allí estaba sentada en un trono de oro una pesada figura vestida de seda amarilla con dibujos en rojo, con el rostro cubierto por una máscara de seda amarilla.

En definitiva, que si Lovecraft tiene un relato denso, barroco, inclusivo pero bastante hiperbólico de toda su particular mitología, es éste. Por eso no puedo dejar de decir que esta historia tiene a la vez que el magnetismo del mejor Lovecraft una desmesura que puede acabar empalagando por la gran cantidad de nombres, terrores, maravillas y misterios que desvela.

En más de un aspecto, personalmente he quedado más satisfecho con “La llave de plata” (1929) que con este relato. Todo lo que en uno es desproporción, en el otro es contención. Todo lo que en uno es exposición enciclopédica, en el otro es literaturización. Si en el primero Carter es un soñador que viaja al mundo de los sueños y se maravilla de todo lo que ve, en el segundo es un viejo descreído que, de alguna forma, ha perdido la facultad de imaginar y se ve privado de esta llave hacia mundos alternativos. En cuanto a la edición de Valdemar, como siempre, es excelente: traducción cuidadísima, notas útiles. Se nota que respeta al autor. Y a los lectores. Si acaso un único “pero”, en lo referente a la manía de traducir entre corchetes a lo largo de todo el texto las referencias al sistema de longitud inglés en el equivalente europeo. ¿No habría sido mejor simplemente traducirlo o no traducirlo, o consignarlo al final en nota?

Desde el primer relato protagonizado por este particular héroe, “La declaración de Randolph Carter”, y hasta el último, “Más allá de los eones”, Lovecraft se manifiesta de manera bastante evidente tras la sombra de su personaje: sus pesadillas, la disposición melancólica de su carácter, la fuerza mental que le hizo mantenerse de una pieza, etc. No deja de estremecernos el pensar que cada noche, cuando Lovecraft se iba a dormir, estos eran sus sueños.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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