DAGÓN (1917) – H.P. Lovecraft

Autor: Howard Phillips Lovecraft
Título: Dagón (Dagon)
Editorial: Valdemar
Editor: Juan Antonio Molina Foix
Año: 2005 (1917)
Páginas: 8 [dentro Narrativa Completa, vol 1, p. 85-93]
ISBN: 9788477025290
Valoración: ★★★★

 

Este relato de menos de diez páginas escrito en 1917 es la primera aproximación de H.P. Lovecraft a lo que posteriormente se conocería como los Mitos de Cthulhu, aunque muchos críticos se resisten a considerarla parte integrante. La prefiguración de los terrores acuáticos que irá desarrollando a lo largo de toda su obra, sin embargo, tiene en este relato una primera puesta en escena innegable. El miedo a los espacios cerrados muy grandes ya había sido protagonista de otros relatos suyos, como “La bestia de la cueva” (1904) o “La tumba” (1917), pero hasta ahora las profundidades acuáticas no habían sido explotadas aún como escenario. La idea, sin embargo, es la misma: el terror a lo desconocido y a lo oculto. La historia de “Dagón” nace de la unión de dos circunstancias podríamos decir “vitales” del autor: una real, la impresión que le provocó el hundimiento del buque Lusitania por un submarino alemán el 7 de mayo de 1915 en el Pacífico, y otra ficticia, el sueño que el propio Lovecraft explica que tuvo y donde vivió una peripecia parecida a la del protagonista de su cuento.

Soñé con todo este reptar horrible; de hecho aún puedo sentir el lodo succionándome hacia abajo.

Desde un punto de vista estrictamente literario, es posible que el cuento esté inspirado en los relatos “Cabeza de pescado” (1911) de Irvin S. Cobb y En el núcleo de la Tierra (1914) de Edgar Rice Burroughs. Sin menospreciar la influencia que en esta primera etapa tiene Poe en toda la obra lovecraftiana.

La historia comienza con fuerza: un yo narrativo en primera persona se dirige a los lectores y, a modo de confesión, manifiesta que una vez nos haya relatado la historia que se dispone a contarnos se quitará la vida. Y entonces arranca el relato. El protagonista nos cuenta cómo siendo sobrecargo en un barco es hecho prisionero por los alemanes y cómo, con cierta facilidad, logra escaparse de sus captores al poco en un bote salvavidas. Después de varios días a la deriva y sin encontrar ningún islote ni ningún barco que le procuren esperanza, se cree condenado a morir. De pronto, sin embargo, su bote embarranca no sabe muy bien dónde.

El cambio ocurrió mientras dormía.

Esta afirmación puede resultar reveladora de lo que viene a continuación, ya que la obra juega al gastado recurso (hoy, no entonces) de hacer bailar la cabeza al lector confundiendo sueño y realidad. Un recurso que han usado y abusado sus imitadores con suerte desigual. El terreno donde ha atascado su barca parece ser una placa del fondo marino que por causas inexplicables ha emergido a la superficie, arrastrando con ella todo lo que había en las inmensidades del mar. Entonces el marinero sale del bote y emprende una exploración del islote. Poco a poco se va alejando de la seguridad del bote, de su mundo conocido, hasta que encuentra un objeto que le llama la atención:

Un monolito bien labrado cuya imponente mole había sido ejecutada con gran habilidad y tal vez había conocido el culto de criaturas vivas y racionales.

Pasando por alto las precipitadas conclusiones que saca el marinero, nos damos cuenta que el escenario del horror, esta vez, no tiene nada que ver con ninguno de los cuentos anteriores del autor. Es entonces cuando introduce la antigua leyenda filistea de Dagón, el dios-pez, que recupera en otras historias posteriores. Tal y como nos detalla en nota Juan Antonio Molina Foix (en la excelente edición de Valdemar), Dagón, mitad humano y mitad pez, fue una de las deidades más veneradas antiguamente por los filisteos y aparece mencionada en varias religiones y libros sagrados. No desarrolla más la idea en este primer relato, pero Lovecraft ya da muestras de tener en mente varios de los rasgos característicos que harán famoso el ciclo unos años más tarde: arcaicas civilizaciones submarinas, deidades primigenias de formas monstruosas, lenguas desconocidas. Una auténtica pseudomitologia en potencia, al estilo de un Tolkien o un Asimov en los géneros fantástico y de la ciencia ficción, respectivamente.

Por encima de otras consideraciones, quiero mencionar antes de terminar el tema del estilo. Una de las señas de identidad de Lovecraft es su peculiar manera de escribir (que había ido evolucionando rápidamente desde las primeras tentativas hasta este relato), perfectamente reflejada en la soberbia labor de traducción de los encargados del volumen. Es la lengua el medio a través del cual el autor nos inocula el verdadero veneno de su terror. Dirá el protagonista al final, con las horrores que acaba de presenciar todavía frescos en la memoria:

Pienso en el dia en que tal vez surjan por encima de las olas y con sus hediondas garras arrastren a las profundidades los restos de la endeble humanidad.

El encanto del misterio es lo que irrefrenablement nos lleva a seguir leyendo a pesar de ser conscientes de que cuando el misterio deje de serlo, que cuando el horror se manifieste y lo que hay oculto (en el fondo del mar o dentro de la cabeza del protagonista) emerja ya será demasiado tarde y sólo nos podremos lamentar por haberlo deseado. Esta es una de las grandes dotes de Lovecraft: la facultad de hacernos disfrutar sufriendo, de hacer que queramos y no queramos verle los dientes al monstruo. El recurso no es suyo, pero es uno de los autores que lo usa más y mejor. Otro de los aciertos es la intertextualidad. Las referencias cruzadas entre sus diversos relatos, que sin duda favorecieron la tarea a sus continuadores a la hora de crear un corpus coherente de obras con el dios Cthulhu como epicentro vertebrador. Es lo que ocurre entre “Dagón” y “La llamada de Cthulhu“, uno de los mejores relatos de los Mitos, donde encontramos una referencia a la suerte del protagonista de este nuestro relato.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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