UBIK (1969) – Philip K. Dick

Autor: Philip K. Dick
Título: Ubik (Ubik)
Editorial: Booket
Año: 2012 (1969)
Páginas: 222
Valoración: ★★★★★
ISBN: 9788445000274

 

A pesar de haber sido escrita en 1969, parece que Ubik de Philip K. Dick ha encontrado la manera de volver a la vida. El pasado 21 de diciembre en el videopodcast The Spoiler Club (#8) Alexander Páez, Miquel Codony, Jesús Cañadas e Ismael Ávalos nos la destripaban sin conmiseración en una interesantísima charla a cuatro voces. Sólo dos días más tarde, Jordi Sellarés en su blog Especulacions d’un Neanderthal también nos hablaba de ella con entusiasmo. Cabe decir que cuando enlisté Ubik para reseñarla no tenía ni idea de que el panorama sería este y me proponía afrontarla como hago siempre con los clásicos que reseño: “asépticamente”, sin haber leído ninguna otra reseña o comentario con anterioridad. Sin embargo, esta vez, y por razones obvias, no será así. Una vez hube terminado el libro y me hube hecho mi particular visión, me pareció interesante contrastar mis notas con lo que se había dicho últimamente en estos otros espacios, más que nada para comprobar si había entendido alguna cosa de una novela que, ya lo adelanto, da la impresión en algunos momentos que no tiene ni pies ni cabeza. Lo cual no es necesariamente un inconveniente.

De hecho, tengo que decir que en este caso particular me ha gustado este recurso de Dick de buscar el desconcierto en el lector, recurso que se nota especialmente en la primera parte del libro, cuando el autor nos pone en las manos una máquina compleja deliberadamente sin manual de instrucciones. Es el recurso, entiendo, para crear familiaridad con un mundo nuevo sin tener que realizar las largas y aburridas digresiones de turno donde, de manera académica y artificial, se nos suelen explicar todos los detalles de mundos futuros o fantásticos y que, ganando en claridad, pierden en verosimilitud desde el momento que se ha optado por trocear aquella realidad para explicarnos-la. Me ha recordado las sensaciones que tuve al leer una novela con la que mantiene conexiones evidentes: Neuromante (1984) de William Gibson. En ambos casos es necesario familiarizarse con una serie de tecnicismos para poder entender de qué va el libro y también en ambos casos los mecanismos que mueven sendos universos no nos son explicados, sino mostrados. Innegablemente, pues, hay un esfuerzo del lector. Al reseñar la novela de Gibson ya decía que cada uno tendrá que valorar si este esfuerzo le merece la pena o no. A mí particularmente no me dejó muy convencido. Las sensaciones en este caso, sin embargo, han sido diferentes. Quizá por la presencia de un elemento que, ahora sí, aleja diametralmente una obra de la otra: el sentido del humor. Ubik es una novela con un potente sentido irónico, que se hace notar de la primera a la última página y que tiene puntas realmente sublimes.

La novela nos sitúa en junio de 1992 en un futuro donde en el mundo conviven los “normales” y personas con todo tipo de facultades psíquicas. En este futuro, la muerte del cuerpo no es el final. Se ha desarrollado un método de semivida gracias al cual algunos afortunados quedan en un estado latente de conciencia, como flotando en una especie de limbo entre esta vida y la siguiente. El lector rápidamente deberá entrar en el juego de Dick y familiarizarse con los conceptos que conforman este particular universo: precogs, inerciales, antipsi, etc. El protagonista de la historia es Joe Chip, uno de los pocos personajes sin ninguna habilidad especial y, de alguna manera, representación del propio lector. Chip trabaja para Glen Runciter, famoso propietario de una organización antipsi, el cual se ha hecho rico previendo intrusiones de telépatas o precogs no autorizadas, es decir, evitando lo que hoy conocemos como espionaje industrial. La novela comienza con el fichaje de un nuevo e inquietante miembro para el equipo de prevención de Runciter, Pat Conley, que tiene la extraña facultad de alterar el pasado para cambiar el presente. A pesar de que nadie acaba de comprender su poder, se la incluye en el equipo que Runciter prepara para una misión a la Luna. Cuando llegan, son víctimas de un atentado (aparentemente perpetrado por su rival en los negocios, Roy Hollis) y a partir de ese momento todo se vuelve muy confuso. El autor de ¿Sueñan los androides ovejas eléctricas? (1968) tiene tendencia a moverse a gusto en la fina línea que separa la realidad de la ficción, el sueño de la vigilia, la vida de la muerte. En esta novela también.

Si el lector ha tenido paciencia y ha llegado hasta aquí, hay que decir que el relato mejora ostensiblemente a partir de este punto. El caos inicial comienza a tomar forma y, a pesar de entrar y salir constantemente del mundo de lo ciberonírico sin avisar, podemos vislumbrar poco a poco el propósito de la historia:

-¿Está o no está muerto Runciter? Y nosotros, ¿estamos muertos o no?

Nada es lo que parece. Esto puede ocasionar (y de hecho es casi imposible no caer en este juego) que el lector intente imaginar posibles desenlaces, anticiparse al final del libro. El autor parece ser consciente de ello, porque muy hábilmente incluye trampas en la historia que nos llevarán irremediablemente a falsas conclusiones. En este sentido, la figura de Pat es ciertamente ingeniosa: creyéndola tan importante en la trama debido a sus facultades mentales, el lector le atribuye inevitablemente un rol en los extraños acontecimientos que sufren los miembros del equipo de Runciter que lo llevará a caminos equivocados. Es cierto que en algún punto el autor muestra poco respeto por las normas internas del relato, pero lo hace para proteger el final, auténtico truco de magia. De hecho, podemos pensar que Dick actúa como aquel mago que, mientras nos llama la atención con una mano, con la otra nos cuela la carta marcada a escondidas. Pero la pátina de humor que recubre la historia lo frivoliza todo de tal manera que, al menos en mi caso, no me ha molestado en exceso que me tome el pelo así. Y es que a diferencia de Gibson, Dick no se pone nada trascendente.

Y así llegamos a la pregunta inevitable: ¿qué es Ubik? ¿Un aerosol de poderes mágicos? ¿Un recurso literario? ¿La metáfora de Dios? Como su nombre indica, Ubik se encuentra en todas partes. Dentro del relato (donde cobra tanta importancia en el tramo final, con Chip agonizante) y fuera (al inicio de cada capítulo, en forma de anuncio publicitario dirigido al lector). Ubik es el medio para que las fuerzas positivas puedan contrarrestar en ese ciberespacio las negativas. Un deus ex machina. Pero también lo podemos interpretar como el propio autor, haciendo y deshaciendo a su antojo. Si nosotros (lectores) somos Joe Chip, Dick (el autor, omnisciente) puede ser tranquilamente también Ubik, es decir ubicuo. Pero en cualquier caso la naturaleza de esta novela permite que cada uno saque sus propias conclusiones, generando un debate amplio, rico e inagotable. Superior a ¿Sueñan los androides ovejas eléctricas? aunque no ha alcanzado la popularidad de aquella (gracias a la Blade Runner cinematográfica, innegablemente) pero inferior a la que posiblemente sea la mejor obra de Dick, la ucronía El hombre en el castillo (1962), Ubik ha tenido una influencia determinante en la literatura y el cine posteriores: Abre los ojos (1997), Matrix (1999), Minority Report (2002), Origen (2010), etc. Un auténtico clásico de la ciencia ficción… ¡de sólo 222 páginas!

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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2 thoughts on “UBIK (1969) – Philip K. Dick

  • 21 enero, 2015 at 12:36 pm
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    Olvidaste nombrar Johny Mnemonic

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    • Daniel Genís
      21 enero, 2015 at 3:04 pm
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      Sí. ¡Y seguro que también muchas otras! La sombra de PKD es alargada…

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