EL SABUESO DE LOS BASKERVILLE (1902) – Arthur Conan Doyle

Autor: Arthur Conan Doyle
Título: El sabueso de los Baskerville (The Hound of the Baskerville)
Editorial: Cátedra
Año: 2003 (1902)
Páginas: 135 [dentro Todo Sherlock Holmes, pág. 667-802]
ISBN: 978-84-376-2991-9
Valoración: ★★★★★

 

Hoy reseñamos una de las pocas novelas que tienen como protagonista al detective Sherlock Holmes. Pocas, claro, si las comparamos con la extensa nómina de historias más o menos cortas que relatan una cincuentena larga de sus casos. También podemos afirmar que se trata del mejor relato (además del más popular) escrito por Arthur Conan Doyle sobre el detective de Baker Street, aunque seguramente habrá quien no comparta esta afirmación. Sea como sea, es innegable que las dotes narrativas de Doyle son mucho más maduras en esta peripecia que en muchas otras. Lo vemos ya en el hecho de que por fin haya abandonado la manía de dividir el caso en dos mitades casi simétricas: en una primera donde nos relataba los hechos en el pasado (y por lo tanto no había presencia en ninguna parte de la pareja Holmes-Watson) y en la segunda donde leíamos de las consecuencias de aquellos hechos en el presente, ahora ya sí con la investigación del caso. Es lo que nos encontrábamos, por ejemplo, en las otras tres novelas de la serie, Estudio en escarlata (1887), El signo de los cuatro (1890) y El valle del terror (1914-1915) y hay que decir que, independientemente de otros aspectos, era lo que nos las hacía menos apreciables.

Pero no es sólo eso lo que hace El sabueso de los Baskerville el mejor relato de Holmes. El inicio de la historia, también, es una verdadera demostración de saber hacer narrativo: Doyle iniciará el caso esta vez en ausencia no ya de pruebas sino incluso de caso y de cliente, y haciendo que Holmes tenga que indagar de un bastón olvidado en su despacho la identidad de su dueño. Desde ese primer momento, pues, ya vemos que algo de diferente tendrá este relato respecto a los demás. De hecho, si algo caracteriza El sabueso de los Baskerville es, precisamente, que varios aspectos lo singularizan en el corpus holmsiano. Por ejemplo: de todos los casos es el único en el que él y su ayudante deben enfrentarse a un enemigo sobrenatural, un perro espectral que se cierne como una maldición sobre los herederos de la casa Baskerville. Desde el punto de vista literario es innegable el acierto del autor en este enfoque: encarar al máximo ejemplo de lógica deductiva y espíritu racional con un enemigo imposible, que ni tan solo puede concebir (un fantasma, un monstruo) debe despertar a la fuerza el interés del lector. Se trata de la eterna lucha entre la razón ilustrada y la superstición romántica. Por eso su primera reacción es poco entusiasta y considera el reto apto únicamente para

Un coleccionista de historias fantásticas.

No hace mucho, reseñábamos en este mismo blog un relato de la autora británica Alice Askew titulado “Aylmer Vance i la vampir” [en catalán] (1914) que estaba protagonizado precisamente por una especie de doble de nuestro Sherlock Holmes, pero mucho más avezado en el terreno de lo paranormal. El Holmes auténtico, en cambio, como él mismo confiesa, se ha enorgullecido siempre de limitar sus investigaciones a este mundo. Descubrimos, en esta y otras frases como ésta, otro rasgo original de esta historia: el sentido del humor. De hecho, será uno de los pocos casos en los que podremos ver reír a Sherlock Holmes. El caso, sin embargo, lejos de ser de risa, es uno de los retos más difíciles de su larga carrera como detective asesor y se inscribe en otro de los géneros que mejor dominaba su autor, el del terror.

No estoy seguro de que, en los quinientos casos de capital importancia en que he intervenido, haya habida uno solo que haya calado tan profundo.

Siguiendo con cierta libertad el esquema clásico de presentación del caso y primeras investigaciones en Londres, traslado de la pareja al lugar de los hechos (con predilección por los ambientes rurales) y finalmente esclarecimiento del caso, las pesquisas estarán protagonizadas extraordinariamente esta vez por el doctor Watson y no por Holmes. Así, además de interpretar su papel habitual de cronista, esta vez nos hará partícipes orgullosamente de lo que cree son brillantes descubrimientos, cuando resulta que no lo son, ni mucho menos, como su compañero se encarga de hacerle notar sin ningún miramiento cuando dramáticamente aparece y toma las riendas del asunto.

Me temo, querido Watson, que la mayor parte de sus conclusiones han sido erróneas. Cuando afirmé que usted me estimulaba, quise decir, francamente, que en ocasiones sus falacias me conducían a la verdad.

A un simple catalizador del talento holmsiano, a ello queda reducido el buen doctor. Se trata de aquella petulancia tan holmsiana y que Doyle, que parece apreciarlo mucho más que al propio detective, no deja pasar la ocasión de hacernos notar. Sin embargo, en este caso (aunque sea sólo fruto de una confusión) Holmes tendrá nuevamente su particular cura de humildad:

Es el golpe más fuerte que se ha abatido sobre mí en toda mi carrera.

Dirá destrozado, quizá olvidando el desenlace que había tenido Escándalo en Bohemia (1891). Obviamente, su enfurruñamiento tiene que ver con el tamaño de su oponente:

Jamás hemo tenído un contrincante de un temple semejante a éste.

Holmes aún no ha conocido su archienemigo más grande, el profesor James Moriarty. Sin embargo, el reto intelectual y el esclarecimiento del caso ponen a prueba como nunca las dotes del detective aunque (y no creemos estar incurriendo en ningún spoiler) al final termina saliéndose con la suya y haciendo buena aquella profecía que había lanzado justo al comienzo: 

Los agentes del diablo pueden ser de carne y hueso.

La resolución del caso, con mucha más acción de lo habitual, hace que las páginas nos vuelen de los dedos con la misma rapidez con que la troupe persigue al culpable fantasmal de aquella maldición por aquel páramo fangoso de atmósferas lúgubres y misteriosas, que podría haber firmado el mejor Poe, el de La caída de la casa Usher (1839), por ejemplo. Una historia sencillamente memorable.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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