EL HOBBIT (1937) – J. R. R. Tolkien

Autor: J.R.R. Tolkien
Título: El hobbit (The Hobbit)
Editorial: Minotauro
Año: 2008 (1937)
Páginas: 291
ISBN: 9788445072820
Valoración: ★★★★

 

No suelo releer. Tengo muy presente aquella máxima que dice: “Ars longa, vita brevis“. Me mortifica la idea de que por cada libro que releo dejo de leer uno nuevo, de descubrir un mundo nuevo. Pero es verdad que los libros con el tiempo cambian mágicamente y conviene revisitarlos, o quien cambia somos nosotros. Es por ello, pues, que esta vez y sin que sirva de precedente, he traicionado aquella máxima y he cogido, unos años después de haberlo leído por primera vez, El Hobbit de J.R.R. Tolkien.

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit

…vuelvo a leer al principio de esta excelente edición de Minotauro, con ilustraciones de Alan Lee.

Cierto que es una reseña oportunista y que la adaptación cinematográfica que se está proyectando en los cines ha tenido que ver (estaba intrigado por comprobar cuánto había de Peter Jackson y cuánto de Tolkien en todas aquellas historias que veía, algunas bastante fuera de lugar, según lo recordaba), pero también he de confesar que me había quedado una espina clavada de mi primera aproximación a la Tierra Media: El hobbit me había parecido una obrita divertida, bastante entretenida, pero en ningún caso una maravilla ni la obra maestra de la literatura occidental que me habían vendido. Y ya adelanto que, después de esta segunda lectura, sigo siendo de la misma opinión. Evidentemente, hay que tener presente desde el primer momento que El Hobbit no es El señor de los anillos (1954-1955). De hecho, esta novelita fue escrita por Tolkien para entretener a sus hijos y vio la luz casi por casualidad, mientras que El señor de los anillos representará la puesta en escena bien premeditada de toda la compleja mitología que Tolkien había ido configurando (con la ayuda del grupo de los Inklings y en especial de su amigo C.S. Lewis) a lo largo de muchos años, y que perfiló en la magna enciclopedia de El Silmarillion (1977).

En el fondo, sin embargo, la premisa original de esta novela no es tan diferente a la de El señor de los anillos. Bilbo Bolsón, un hobbit de la Comarca, debe emprender inesperadamente un viaje arriesgadísimo hasta la Montaña Solitaria, donde le espera una prueba imposible (el dragón Smaug).

Ésta es la historia de como un Bolsón tuvo una aventura.

El viaje lo emprenderá con una extraña compañía de enanos, guiados todos por el poderoso y carismático mago Gándalf. En una primera persona del singular que corresponde a la voz del propio autor, se nos van narrando las peripecias de estas humildes criaturas mientras atraviesan la geografía de una imaginaria Tierra Media que pondrá a prueba a Bilbo y estrechará los vínculos entre todos ellos.

Hay mucho más en él de lo que él mísmo se imagina.

Resulta imposible desligar la lectura del viaje de Bilbo de la historia de otros grandes viajeros de la literatura, como Ulises. Pero más que de cultura clásica, los valores de que empapa Tolkien esta y todas sus obras son los del cristianismo. Incluso en el destino de Thorin Escudo de Roble, el Rey Bajo la Montaña, se puede ver un castigo por su avaricia, al tiempo que también podemos entenderlo de acuerdo a la idea del sacrificio y la contrición, tan cristianas (nada que ver con el universo nihilista de Juego de tronos (1996), de George R.R. Martin).

El hobbit, si en algo se iguala o supera a su sucesora, es en el tono desenfadado (ayuda mucho el estilo coloquial y las constantes interpelaciones al lector, en un recurso que recuerda al de algunas crónicas medievales) y en el sentido del humor. En cuanto al resto es netamente inferior, menos madura y dirigida eminentemente a un público más joven. A pesar de su infantilismo, pero, no se puede menospreciar esta novela. Tolkien radiografía en ella eficazmente las pasiones humanas a través de las debilidades de sus personajes y el camino que emprende Bilbo representa la metáfora hacia el descubrimiento personal, el viaje interior.

No eres el hobbit que eras antes.

La versión cinematográfica capta todo esto, pero intenta magnificar la historia de tal manera que la desvirtúa, intentando acercarla absurdamente a El señor de los anillos. El Hobbit no es ninguna epopeya, no pretende serlo.

Por todo ello, hemos de decir que El Hobbit es en efecto un excelente cuento para niños, que puede presumir de haber abierto las puertas a todo un género, el de la fantasía épica. Pero en algunos momentos a más de un lector pueden llegar a cerrársele los ojos con tanto viaje, viaje y viaje. Narración, narración y narración. La sucesión de aventuras es incansable, quizá demasiado. Da la impresión de que vivimos en nuestras propias carnes toda la fatiga de los enanos al atravesar el mundo. Algo parecido ocurría también en el primer volumen de El señor de los anillos (La compañía del anillo), pero la épica de la historia y el fondo mucho más rico de aquella búsqueda (no se puede comparar todo lo que representa el anillo con el tesoro de los enanos) lo compensaba. Tolkien es sobre todo un extraordinario historiador (de ficciones, es cierto), pero en cambio carece algunas veces del temple y la habilidad narrativa de los grandes escritores. Lo mejor que le ha pasado a esta novela ha sido todo lo que ha venido después: El señor de los anillos y El Silmarillion y el resto de obras que Cristopher Tolkien ha ido editando y publicando hasta configurar un universo vasto y inigualable, del cual El hobbit se ha convertido en piedra de toque.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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2 thoughts on “EL HOBBIT (1937) – J. R. R. Tolkien

    • Daniel Genís
      28 noviembre, 2014 at 8:39 am
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      Entrañable a su manera. Espléndido. Otra cosa es la película.

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