CANADÁ (2012) – Richard Ford

Autor: Richard Ford
Título: Canadá (Canada)
Editorial: Anagrama
Año: 2013 (2012)
Páginas: 512
ISBN: 978-84-339-7871-4
Valoración: ★★★★

 

Siempre se ha oído decir que todo el mundo se merece una segunda oportunidad, que no debemos tener en cuenta los errores de alguien si los ha podido superar y se arrepiente. Pero qué pasa cuando los errores no los comete esa persona? ¿Qué pasa si el destino lo empuja hacia una vida que no habría imaginado nunca, muy diferente de la que tenía proyectada? ¿Qué pasa si el mundo de adolescencia se trasiega de repente y alguien se ve abocado a un mundo más allá de la zona de confort? Estas preguntas son las que se pueden leer en Canadá y ver como un chico, Dell Parsons, es arrastrado por el error de sus padres, que lo engulle hacia una nueva vida, muy diferente, mucho más dura de la que se esperaba y, evidentemente, que no tiene nada que ver con la que se había proyectado.

La novela comienza con dos párrafos donde se resume toda la trama: sus padres robaron un banco cuando él tenía 15 años y eso le cambió la vida, de la tranquilidad de una familia arquetípica americana después de la II Guerra Mundial a un periodo duro y difícil. A partir de esta premisa, y con un estilo minucioso, sencillo y agradable, Richard Ford desgrana lo que ha dicho en estos párrafos iniciales con un dominio de la lengua abrumador y con un gusto excelente para explicar una historia relativamente simple y prosaica: la vida de Dell Parsons, focalizada en un final de verano con las ilusiones que tiene para el nuevo curso y para su futuro educativo y profesional. Todo muy normal, muy propio de un chico de su edad, tal vez incluso un punto infantil, naïf, que contrasta con el comportamiento de su hermana gemela, Berner, más dispuesta a la vida de adolescencia, más rebelde. Y allí, con ellos, los padres, preocupados por ellos y a la vez distantes, los responsables de que el destino de Dell y Berner cambie de repente.

Hay personas que quieren ser presidentes de bancos. Otros quieren robar bancos.

En esta primera parte de la narración, la historia y la buena prosa son los elementos que dominan y recuerdan los cuentos de la Premio Nobel de 2013, la canadiense Alice Munro, autora de unos relatos exquisitos donde no pasa casi nada y donde es la belleza lo poco que se cuenta, lo que toma todo el relieve de la narración. Y Richard Ford hace lo mismo, detalla aquellas semanas que lo cambiaron todo y logra el clímax con los capítulos referentes al robo del banco y se cierra con una fiesta con su hermana y el novio de ésta, donde se pone de manifiesto la inmadurez y la desorientación de todos ante el nuevo escenario que se les abre.

La segunda parte comienza con un viaje que bien puede ser iniciático. La hermana ha huido sola hacia California sin avisar y una amiga de la madre, Mildred Remlinger, coge a Dell y lo lleva hacia Canadá, en Fort Royal, Saskatchewan, en casa de su hermano Arthur, para evitar que caiga en manos del estado y lo lleven a un centro de menores

Porque ellos hayan desgraciado la vida, no quiere decir que tengas que desgraciado tu.

Si el viaje puede ser iniciático, la estancia es de catarsis y de asumir las culpas de algo que Dell no ha cometido. Trabajará para Arthur en un hotel haciendo de mozo, y poco a poco descubrirá su pasado de militante libertario y sobre un error que le llevó al exilio en las llanuras centrales del Canadá, donde parece que el tiempo no pasa, donde parece que no pasa nada, es demasiado lejos, demasiado solitario. Dell no se quejará, nunca, a pesar de la dureza y el aburrimiento, y es consciente del exilio y del castigo:

Uno atravesaba fronteras para huir de las cosas y probablemente para esconderse, y Canadá era un buen lugar para hacerlo […]. Pero también quería decir que mientras tanto te conviertes en otra persona, y eso era lo que me estaba pasando a mí y lo tenía que aceptar.

Pero no se resigna del todo, seguirá soñando en su futuro, construyéndolo, pese a las restricciones a través de su rico mundo interior y de un viaje en bicicleta liberador. En Fort Royal conocerá el destino de sus padres, las condenas, así como el suicidio de la madre y será consciente de que si quiere ser alguien tendrá que salir de allí.

Aquello no sería nunca como yo quería. Era Canadá.

Hasta que un nuevo hecho abominable llevado a cabo por Arthur y al que él se ve empujado le trastorna, de nuevo desmenuza la pequeña zona de confort que había podido establecer en aquel rincón del mundo. Y en ese momento es consciente de que sólo tiene una salida, marcharse.

Así pues, la próxima vez que llega Mildred, que le visita de vez en cuando, le pide ir a la escuela, o lo que es lo mismo, irse, huir, tener un futuro. Y ella accede, lo lleva a casa de su hijo en Winnipeg y aquí, en este momento de clímax, se detiene la historia, ya no se sabe nada más de cómo le fue, de cómo construyó su futuro, de cómo se hizo adulto.

La tercera parte se sitúa en el tiempo presente, Dell ya es un profesor adulto, que vive en Windsor, Canadá, a quien sus alumnos advierten que hay alguien que lo busca a través de las redes sociales. Se pone en contacto y efectivamente es su hermana, que se está muriendo de cáncer en Minneapolis. En esta última parte está el reencuentro de los dos hermanos después de mucho tiempo de no tener contacto. No se habían visto en todo ese tiempo y habían constatado que sus vidas eran muy diferentes, lo que les había alejado. En este encuentro, posiblemente el último, está el cierre final a toda la historia, el sentido a toda la novela. Podemos ver como Dell ha tenido una vida bastante normal, mientras que Berner ha tenido varias parejas que no la han llevado por el buen camino, hasta ahora, que se está muriendo. Ninguno de los dos ha tenido hijos. Asistimos a como finalmente ellos dos hablan de lo que les pasó, de cómo sus vidas saltaron por los aires por culpa del robo del banco. Son conscientes de que no se volverán a ver y hay un punto de resignación, de conciencia que como mínimo, ahora, al final, reencuentran el camino correcto y de la familia que no han tenido, de las oportunidades que no tuvieron, del presente que les fue robado. Y esta charla, tal vez, parece que entierre ese pasado, enterrado pero no superado, y permita a Dell rehacer su presente, un presente que ya no tiene un largo futuro, mientras va recordando en boca de su hermana, mucho más maltrecha en la vida que él que

A veces me da la impresión de que mi vida real aún no ha comenzado. Podríamos decir que ésta no ha sido como debiera.

Y es entonces cuando Dell se da cuenta de que tal vez él sí que ha tenido aquella segunda oportunidad en el momento que no entró en el centro de menores, lo que le lleva a reflexionar y a pedir a sus alumnos:

¿Habéis tenido alguna vez la extraña sensación de haber escapado de un castigo?

Todos lo miran asombrados y sólo un alumno de origen kosovar es capaz de entender esa sensación y responderle que sí.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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