FILOSOFÍA ZOMBI (2011) – Jorge Fernández Gonzalo

Autor: Jorge Fernández Gonzalo
Título: Filosofía zombi
Editorial: Anagrama
Año: 2011
Páginas: 215
ISBN: 978-84-339-6325-3
Valoración: ★★★★
 

Jorge Fernández es doctor en Filología Hispánica y autor de varios artículos de investigación (desde la obra de Aníbal Núñez, el mito de don Juan y el Quijote hasta Deleuze o Foucault), más allá de haber publicado ya cinco recopilaciones de poemas y un par de ensayos: La muerte de Acteón. Hacia una arqueología del cuerpo (Eutelequia, 2011), una excelente reflexión sobre la corporalidad en occidente, y Filosofía zombi, ensayo finalista en el XXXIX Premio Anagrama de Ensayo -con un jurado formado por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater, Vicente Verdú y Jorge Herralde.

El libro, que sigue especialmente la filmografía de George A. Romero, se estructura en siete capítulos -que el autor llama “pistas”, a la manera de las antiguas cintas de vídeo-, para ofrecernos un análisis riguroso y muy bien documentado del fenómeno zombi partiendo de la base que toda fantasía es metáfora de la realidad: el miedo a la alteridad, el consumismo y la importancia de la publicidad en el mundo occidental, la estética de lo macabro, los “mass media”, etc.

Siempre se está hablando de otra cosa, aunque no se quiera.

Si el vampiro siempre ha disfrutado de una posición de privilegio en los estudios eruditos, su hermano pequeño, el zombi, no contaba hasta ahora con una obra que lo dignificara. A partir de los estudios de Freud, Lacan, Steiner o Foucault, Jorge Fernández nos hace ver que el fenómeno zombi es en realidad un espejo delante de nuestros ojos para que nos demos cuenta de que Ellos son como nosotros. Un mensaje que sin duda va mucho más allá de la fantasía zombi, como nos hace notar el autor de este excelente libro.

En occidente, los zombis desembarcaron las primeras décadas del siglo XX, y la idea que se tuvo, a partir de libros como The Magic Island (Williams Seabrook, 1929) o la película White Zombie (Victor Halperin, 1932) -de la que se hacía eco el 16 de diciembre de 1932 la Vanguardia en una interesante reseña que comenzaba con la pregunta: “Existen realmente los zombis?”-, es precisamente esta: la de hordas de muertos esclavizados. Aquel inicio de siglo vio el nacimiento del comunismo primero y la eclosión del nazismo después, dos totalitarismos basados en la manipulación del individuo y la fuerza de las masas. Como los zombis, los hombres habían dejado de pensar, de razonar. Como los zombis, la clase trabajadora había sido engañada por los poderosos y había perdido su humanidad. De hecho, se debe relacionar la evolución del fenómeno zombi con el nacimiento del concepto de “masa” tal y como aparece formulado, por ejemplo, en Ortega y Gasset. Ortega decía que el comportamiento del hombre-masa se basa en la pérdida temporal de la personalidad individual consciente del individuo y la suplantación por la “mente colectiva” de la masa, y que sus acciones y reacciones están dominadas por la unanimidad, la emocionalidad y la irracionalidad.

La formulación definitiva del mito tal y como lo entendemos modernamente, sin embargo, la debemos al director de cine George A. Romero y a su película Night of the Living Dead (1968). Romero asegura que se basó en los vampiros del clásico de Richard Matheson I Am Legend (1954) para confeccionar sus zombis: monstruos purulentos y estúpidos, que deambulan en grupos, contagian a los “normales” con la sangre o la saliva y a los que únicamente mueve un instinto insaciable de alimentarse. Pero con Romero, el zombi se convierte también en una especie de antihéroe. En una metáfora. Todas sus películas tienen una fuerte carga social y crítica. Jorge Fernández constata que

El zombi se mueve a la manera de un capitalismo de signo avanzado y, sin embargo, lo que nos propone la plaga zombi es justamente lo opuesto: la caída del sistema.

En su opera prima, por ejemplo, estrenada aquel convulso 1968 -con París y el mundo entero sublevados contra la sociedad de consumo-, Romero denunciaba la guerra de Vietnam y el imperialismo yanqui. En su filmografía posterior, también atacará el consumismo (Dawn of the Dead, 1978), el militarismo de la era Reagan (Day of the Living Dead, 1985), la manipulación de la opinión pública durante la administración Bush (Land of the Dead, 2005) o la desinformación de los medios informativos globales (Diary of the Dead, 2007). En este punto, resulta difícil no recordar aquel episodio de Los Simpson (19a temporada, 1998) en que el cadáver de Lenin cobra vida y se levanta, rompiendo la vitrina en la que los nostálgicos lo mantienen incorrupto, y vocifera: Debo aplastar el capitalismo. ¡Grrr!

Cuesta creer que si el fenómeno zombi no tuviera en el fondo una fuerte carga metafórica y simbólica hubiera generado un interés tan grande durante tanto tiempo. En la misma línea, el popular cómic de Robert Kirkman The Walking Dead (2003), convertido recientemente en todo un fenómeno televisivo (Frank Darabont, 2010), nos muestra una sociedad humana que ha retrocedido a un estado prepolítico, de pura naturaleza, y donde los supervivientes, en un simulacro de civilización, han instaurado regímenes cercanos al totalitarismo en aras de la seguridad, muy en la línea de lo que pasó en EEUU tras los atentados del 11S. La imaginería Z, en el fondo, es otra manera de hablar de nosotros. El apocalipsis zombi, como el apocalipsis mucho más real que nos espera, únicamente tiene un culpable: el hombre.

En las producciones sobre zombis el zombi no desea nada (salvo la expansión y la saciedad, pero eso son cosas del instinto), frente a los hombres, que desean demasiado, que se traicionan, que se engañan, se asesinan o se violan, por lo que finalmente el zombi cuestionaría desde su mutismo impertérrito la falsedad del hombre, su doble moral, sus constantes traiciones mediante las cuales pretende satisfacer sus deseos, sus ansias de poder.

Fueron Marx y Engels quienes advirtieron ya a finales del XIX que un exceso de civilización podía acabar precisamente con la civilización: demasiados recursos, demasiada industria, en definitiva, demasiada civilización, defendían que podía provocar épocas de crisis que producirían una momentánea involución de la sociedad a un estado de barbarie. Marx ponía como ejemplo las crisis comerciales, que periódicamente condenaban la población a la carestía y al hambre. En la mayoría de fantasías zombis es el ser humano el culpable de que existan los zombis, causa de nuestra perdición. En la misma medida, el ser humano también es el causante de los males reales del mundo [1].

De todo esto y mucho más nos habla Filosofía zombi. De los sistemas de control social y de las tecnologías que nos aíslan de lo real. De la negación del otro. De la falta de alteridad a que se encamina la sociedad tardocapitalista, nosotros y nuestra era posmoderna, que se acaba.

Hemo creado al zombi como concepto. Un concepto que lo arrastra todo.

Para el lector-espectador exigente y a quien le gusta saber más, que quiere más, ir más allá en la historia, este libro resulta muy recomendable. Un libro original escrito con un cuidado estilo cinematográfico, que engancha, pero también provisto de una profundidad reflexiva innegable y de una potencia de discurso estimulante. El lector que, lejos de quedarse en la epidermis del discurso, anhela clavar los dientes en la carnaza y llevarse un buen trozo, no se quedará con hambre.


[1] El texto marcado es un extracto adaptado de mi artículo Tens gana? Menja’t una cama. Apocalipsi zombi i cultura de masses publicado en Encesa-Digital empordanès el 9 de diciembre de 2013.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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