NOSOTROS (1921) – Evgeni Zamiátin

Autor: Evgeni Zamiátin
Título: Nosotros (MBL)
Editorial: Cátedra
Año: 2011 (1921)
Páginas: 318
ISBN: 978-84-376-2893-6
Valoración: ★★★★★

 

A pesar de ser una obra fundamental de la ciencia ficción, Nosotros, del ruso Evgeni Zamiátin, ha pasado relativamente desapercibida. La causa, evidentemente, ha sido la censura que sufrió durante muchos años en la URSS, donde no se publicó por primera vez hasta 1988, a pesar de ser escrita alrededor de 1920 Los convulsos años ’20. Con Europa todavía humeante debido a la Primera Guerra Mundial y Rusia repensándose a sí misma después de la Revolución de Octubre, Zamiátin encontró en la fantasía de su amado H. G. Wells el antídoto al realismo de la literatura rusa. Precisamente La máquina del tiempo (1895) sorprendió poderosamente Zamiátin, que no se estuvo de tomar para Nosotros la metáfora que Wells había construido con aquella sociedad ficticia separada entre morlocks y elois, a imagen y semejanza de la clasista sociedad británica de finales del XIX. Sólo unos años más tarde que Zamiatin, Thea Von Harbou escribiría un libro basado en una premisa similar (desigualdades sociales, mecanización, etc), y que desembocaría en la célebre película de Fritz Lang Metrópolis (1927). Pero el resultado más directo de la influencia de Nosotros es, innegablemente, Mil novecientos ochenta y cuatro (1948), la famosa antiutopía de George Orwell.

El mundo futuro de Nosotros aparece, como en Wells, como en Von Harbou, como en Orwell, igualmente escindido. En este caso literalmente separado por un gran muro, que divide el mundo salvaje de los seres animalizados, primitivos y que se rigen por el caos, de la sociedad absolutamente tecnificada y sometida al orden matemático en el que viven “los números”. El Estado Único. Precisamente este orden, esta antihumana quimera que busca en la mecanización de los hombres su final supremo (recordemos que el futurismo, tan amante de las máquinas, había nacido diez años antes) y que ha expulsado de las vidas de todos cualquier elemento no programado e imprevisto, es lo que ha aproximado nuestra especie a una suerte de felicidad edénica, perdida. Esta es una diferencia fundamental entre Nosotros y otras famosas distopías, como la que decíamos de Orwell, pero también con el Mundo feliz (1932) de Huxley o Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury. En ninguna de estas otras antiutopías sus protagonistas eran realmente felices. Siempre había un elemento de insatisfacción en sus vidas, una especie de vacío existencial. Sólo hay que recordar el estruendo emocional que provoca al protagonista de la novela de Bradbury la ingenua pregunta de una niña cuando le interroga sobre si es o no es feliz. Como un castillo de naipes, todo el mundo de Guy Montag se desmorona por culpa de eso.

El protagonista de Nosotros, en cambio, D-503, es absolutamente feliz con la vida que le proporciona ese sistema social. En su casa de cristal, donde no se puede esconder nada al Estado (no hace falta el Gran Hermano de Orwell, todo está a la vista) D-503 escribe día a día una especie de diario dirigido a un futuro e indeterminado lector, que es el que nosotros tenemos en las manos. A partir de este original recurso retórico, nos enteramos de que el protagonista es el encargado de construir La Integral, un cohete espacial que permitirá al Estado expandir su sistema a otros mundos. También es en estas anotaciones, no exentas de una fina ironía, que descubrimos como es aquel estado utópico tan magnífico donde se veneran las matemáticas como un dios y donde no parece faltar de nada a nadie, porque nadie anhela nada. De hecho, no les hace falta ni tener nombre: la numeración que los identifica (como la ópera prima de George Lucas THX 1138 (1971)) los asimila a todos, los despersonaliza, los despoja del “yo” y los convierte en el “nosotros” que da título a la novela. No es que el futuro de Zamiátin sea en el fondo muy diferente al de las otras distopías citadas, pero la lectura que hace el autor, plenamente irónica, sí. D-503, como la inmensa mayoría de los humanos en Nosotros, ha encontrado en su falta de libertad la forma de ser feliz. Una vida absolutamente cuadriculada, con un horario laboral estrictamente fijado (divertidísima la mención que se hace del taylorismo), la libre disposición de varias parejas sexuales y la guía espiritual (en un plano paralelo a la función del dios cristiano) del Gran Benefactor, son más que suficientes para D-503. Y para la mayoría.

Pero no para todos. Se ha dicho que en cualquier utopía siempre existe un pequeño grupo que será imposible que se adapte. Es lo que la hará siempre distopía. A no ser, claro, que se acabe con este inconveniente, ya sea con la expulsión, la conversión o la eliminación de los inadaptados. A lo largo de la historia (y en el siglo XX Europa ha sido tristemente testigo de ello en varias ocasiones) los estados han practicado las tres soluciones para preservar su idea de sociedad ideal en mayor o menor medida. Las distopías no nos hablan del futuro, sino del presente. Pensemos en la extraordinaria La guerra de las salamandras (1936), donde el checo Karel Capek tan bien supo preconizar a través de una sátira punzante y alocada el ascenso del nazismo o, incluso, el interesante cuento de Manuel de PedroloServei oficial” (1974), escrito en los últimos años del franquismo. En Nosotros será precisamente uno de estos inadaptados, I-330, una auténtica mujer fatal que atraerá con sus juegos sexuales D-503, quien pondrá en peligro la utopía. I-330, una nueva Eva, convertirá D-503 mal no quiera en pieza clave de una operación de sabotaje a gran escala para derribar el sistema y arrebatarles a los hombres su felicidad en aras de la libertad.

Evidentemente, ante la amenaza, el sistema se defenderá. Con este propósito se crea un procedimiento, bautizado con el nombre ridículo de la Gran Operación, capaz de extirpar quirúrgicamente las fantasías de la mente de las personas que, como D-503, han desarrollado lo que parece ser una grave enfermedad: una “alma “. La técnica Ludovico de La naranja mecánica (1962) de Anthony Burgess, otra distopía heredera de Orwell y, por tanto también, de Zamiátin, es evidentemente un eco tardío de este procedimiento. El dilema moral de D-503 (el amor vs. la felicidad) se dirime magníficamente en un final de altura, y que no desvelaremos. Porque como dice el autor en este libro, la vida es como un libro que merece ser leído hasta el último capítulo, y hasta la última página no sabes qué te ofrecerá.

En definitiva, Nosotros representa la eclosión de la literatura distópica y uno de sus ejemplos más exitosos, toda una prevención ante los totalitarismos que se aproximaban. Las utopías del capitalismo y del marxismo, nacidas a inicios del XX y que prometían acabar precisamente con las desigualdades en el mundo vinieron, en cambio, a acrecentarlas. Zamiátin nos alerta en esta obra mucho antes de Hitler y de Stalin. Esto la hace una obra no de ciencia ficción, sino de anticipación. Por todo ello, esta edición de Cátedra, con sus habituales estándares de calidad (excelente pero un poco larga y errática la introducción de Fernando Ángel Moreno y excelente la traducción y las notas de Alfredo Hermosillo y Valeria Artemyeva) resulta una grata noticia editorial para los amantes del género en particular y de la buena literatura en general.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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