A PROPÓSITO DEL ORIGEN DEL MITO DE LOS ZOMBIS

Fecha: 16 de diciembre de 1932

En el origen, el mito del zombi nace muy lejos de aquí, al otro lado del mundo. En el Haití de los siglos XVII y XVIII. Explica el antropólogo Wade Davis (The Serpent and the Rainbow, 1985), que antiguas historias hablaban de haitianos que habían sido infectados con una toxina (la tetrodotoxina) por un mago o bokor. Esta potente droga, administrada en pequeñas cantidades, alteraba la conciencia de la víctima lo suficiente para hacerlo caer en un estado de sumisión absoluta al bokor, que podía llegar a dominarlo hasta el punto de hacerle creer que había muerto y resucitado. Para hacer más creíble el engaño, las víctimas a menudo eran enterradas en vida y desenterradas. Con el refuerzo de las creencias culturales y la superstición del vudú, el resucitado, el zombi (o “zonbi” en criollo haitiano), tenía que rehacer su vida lejos de los que conocía, y era entonces que el bokor le ofrecía una salida, normalmente trabajando como esclavo en las plantaciones de caña de azúcar.

En occidente, los zombis desembarcaron las primeras décadas del siglo XX, y la idea que se tuvo de ellos, a partir de libros como The Magic Island (Williams Seabrook, 1929), al que se refiere este artículo de La Vanguardia sin decir el nombre del autor, o la película White Zombie (Victor Halperin, 1932) (titulada en nuestro país como La legión de los hombres sin alma), es precisamente ésta: la de hordas de muertos esclavizados. Aquel inicio de siglo vio el nacimiento del comunismo primero y la eclosión del nazismo después, dos totalitarismos basados en la manipulación del individuo y la fuerza de las masas. Como los zombis, los hombres habían dejado de pensar, de razonar. Como los zombis, la clase trabajadora había sido engañada por los poderosos y había perdido su humanidad. De hecho, se debe relacionar la evolución del fenómeno zombi con el nacimiento del concepto de “masa” tal y como aparece formulado, por ejemplo, en Ortega y Gasset. Ortega decía que el comportamiento del hombre-masa se basa en la pérdida temporal de la personalidad individual consciente del individuo y la suplantación por la “mente colectiva” de la masa, y que sus acciones y reacciones están dominadas por la unanimidad, la emocionalidad y la irracionalidad [1].

Buen viaje y buena lectura
El piloto de la nave
 

La Vanguardia
¿Existen realmente los zombies?

¿Existen realmente los zombies? Según rumores recogidos en el curso de varios años en la isla de Haití referentes a la exhumación de cadáveres que por arte de magia son puestos a trabajar en los campos y factorías, los zombies existirían realmente, pero ¿son fundados estos rumores?

El film «Zombie, la legión de los hombres sin alma», trata a fondo este tema y le presta actualidad.

Recientemente, varios escritores norteamericanos quisieron comprobar el fundamento de tales rumores y, por lo menos uno de ellos, salió airoso de su cometido y regresó con datos obtenidos por medio de sus observaciones personales. Este escritor, en su libro acerca de la magia negra de Haití, declara haber visto, en efecto, a los zombies trabajando en las plantaciones de caña de azúcar, y se expresa en estos términos:

—Un zombie no es ningún fantasma ni un ser resucitado. Es un cuerpo humano sin alma, muerto todavía, pero sacado de la sepultura, al que por medio de la magia se ha infundido una apariencia mecánica de vida. Es un cuerpo examine al que se le hace comer, moverse y andar como si estuviese realmente vivo.

Los que tienen el poder de crear los zombies acuden a una sepultura recién cavada, exhuman el cadáver antes de que éste se descomponga, le galvanizan dándole movimiento, algunas veces con siniestros, propósitos, pero generalmente para hacerlo servir de esclavo, asignándole las más pesadas y duras tareas de la plantación y golpeándole como a una bestia desvalida si no trabaja de firme.

Incluso el Gobierno de Haití reconoce la práctica del zombiísmo, pues el artículo 249 del Código penal la menciona específicamente. Dice este artículo:

«Serán, también, calificado de intento de homicidio el empleo hecho contra una persona de cualesquiera substancias que, sin causar una muerte efectiva, produzcan un sopor letárgico más o menos prolongado, si después de la administración de tales substancias la persona (zombie) ha sido enterrada, el acto será considerado como homicidio, cualquiera que sea el resultado de ello».

El culto de los muertos, o «Le culte des morts», como lo llaman los indígenas, se limita a un reducido número de magos, la mayor parte de los cuales abrigan siniestros designios. Son, naturalmente, perseguidos por la ley, y han sido escasos los extranjeros de raza blanca que hayan podido ser testigos de tales prácticas.

→La Vanguardia (16 de diciembre de 1932, pàg. 19-20)


[1] Esta introducción es una adaptación de mi texto Tens gana? Menja’t una cama. Apocalipsi zombi i cultura de masses” publicado en Encesa-Digital empordanès el 9 de diciembre de 2013 .


Imagen: I Walked with a Zombie (Jacques Tourneur, 1943)

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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