MUNDO ANILLO (1970) – Larry Niven

Autor: Larry Niven
Título: Mundo anillo (Ringworld)
Editorial: La Factoría de Ideas
Año: 2011 (1970)
Páginas: 340
ISBN: 978-84-9800-493-9
Valoración: ★★★

 

En 1964 Byron Haskin, que nueve años antes había dirigido la versión cinematográfica de La guerra de los mundos (1953), estrenaba Robinson Crusoe en Marte, una especie de versión de la historia de Daniel Defoe ambientada en el planeta rojo. La película se estrenó con toda la pompa de las superproducciones (Adam West, de sobras conocido por su papel de Batman televisivo en la serie de los ’60, era uno de los protagonistas), y con una curiosa etiqueta: Este filmes es científicamente auténtico. Independientemente del escepticismo que nos pueda provocar esta afirmación (en el propio trailer de la película ya se ven innumerables atentados a la verosimilitud y al rigor científico), la etiqueta apelava al típico reclamo publicitario del cientifismo: hoy todavía no, pero en un futuro muy próximo todas estas maravillas pueden ser muy reales. Y, por tanto, la película era necesario que se sometiera a las leyes del rigor y la lógica científica, al menos aparentemente.

He empezado la reseña de hoy hablando de esta película porque me ha parecido, hasta cierto punto, que sería útil para introducir el Mundo anillo de Larry Niven, considerada la primera novela moderna de ciencia ficción dura, o hard. La hard SF (así lo abrevian los entendidos) es un subgénero dentro de la ciencia ficción caracterizado por el rigor en los detalles científicos y técnicos de los relatos. La saga de La Fundación (1942) de Asimov sería un precedente y Cita con Rama (1973) de Arthur C. Clarke (que en más de una ocasión ha dicho que Niven es su autor de ciencia ficción preferido) un ilustre descendiente, entre otros. Pero es Mundo anillo la que se lleva el honor de ser la primera y la mejor. De hecho, aparte de haber sido galardonada con los prestigiosos premios Nebula (1970), Hugo (1971), Locus (1971) y Ditmar (1972), se la considera también como una de las diez mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos. Ante todo ello, resulta difícil resistirse a hacer una crítica encomiástico del libro, pero si de lo que se trata es de ser justos con lo que uno cree y le ha parecido su lectura, tendremos que decir que Mundo anillo es una buena novela de ciencia ficción, eso sí, pero poco más. Ciertamente, la obra es prodigiosa en lo referente al rigor científico: es lógica y creíble en cuanto a los conocimientos científicos y desde el punto de vista teórico Niven nos convence de la viabilidad de su planeta artificial de dimensiones colosales. Ahora bien, la relación entre estos conocimientos científicos y el correcto desarrollo de la historia, se tambalea. Así como en Asimov los rasgos podríamos decir que psicológicos de sus personajes están suficientemente bien desarrollados para que nos creamos los giros argumentales y llegamos a adquirir una cierta empatía con ellos, en el caso de Niven esto no se produce.

La novela narra el viaje de cuatro cosmonautas a Mundo Anillo, un inmenso planeta artificial (de hecho se dice que es una especie de esfera de Dyson) cuya existencia es desconocida para la mayoría de habitantes de la galaxia. La obra se ambienta en el denominado “Espacio conocido” de Niven, donde los humanos conviven con otras especies alienígenas. Así pues, tenemos que la tripulación de la nave será interplanetaria. El responsable del viaje es Nessus, un titerote de Pierson. Se trata de una especie bicéfala caracterizada por su extrema cobardía y por no tener contemplaciones en la manipulación de los demás. En contraposición, Interlocutor de Animales, un Kzin, es representante de una raza de rasgos felinos dada a la guerra y a la conquista, pero no muy inteligentes. Finalmente, Luis Wu y Teela Brown son los dos humanos de la misión. El primero es un aventurero retirado de doscientos años de edad que mantiene su vigor gracias a los avances médicos (de hecho, una de las peculiaridades de la obra, que la singularizan de otras muchas novelas del género, es la importancia del elemento sexual: Niven no sólo no oculta esta necesidad tan humana, sino que la explicita y la convierte en uno de los motores de su novela. Resulta hilarante la sorpresa del titerote ante los múltiples emparejamientos de los dos tripulantes humanos). La segunda, en cambio, tiene un papel bastante ambiguo en la misión, que se esclarece a medida que avanza la trama. Y es que en el plan de los titerotes no hay nada que no esté meticulosamente pensado.

El viaje hasta el planeta los pondrá en conocimiento de una realidad bastante terrible: sus mundos, todos, están condenados a la extinción, ya que su sol está agotando los últimos milenios de vida y al apagarse engullirá todo lo que haya a su alrededor. Los titerotes, en su planificación máxima de las cosas, ya buscan alternativas para sobrevivir y creen haber encontrado en este extraño artefacto gigantesco (nadie sabe quién lo ha construido) una posibilidad de recomenzar. Pero el viaje también es fuente de tensiones y descubrimientos podríamos decir que más personales e íntimos. Como en todo viaje, al fin, es uno mismo quien se acaba descubriendo. En este aspecto, el personaje de Teela Brown toma protagonismo, si bien las posibilidades que brindan las relaciones entre seres tan diferentes a veces da la impresión de que no se acaban de explotar suficientemente a nivel emocional y se quedan en un simple juego dialéctico infantil, sin una carga psicológica auténticamente potente. Alguna solución deus ex machina es bastante irritante.

Resulta imposible abstraerse a las semejanzas entre esta historia y otra, protagonizada también por un equipo de exploración (en este caso no en el espacio exterior, sino en las entrañas del mundo): Viaje al centro de la tierra (1864), de Julio Verne. ¿Como obviar las semejanzas entre las setas gigantes del francés y los girasoles, aún más gigantes, del estadounidense? Pero Verne, considerado el padre de la novela científica, ofrece mucho más que verosimilitud en sus novelas, y la comunión entre ciencia y literatura es más conseguida. Miguel Strogoff, Phileas Fogg, el profesor Lidenbrock y, claro, el capitán Nemo, no tienen parangón con ninguno de los personajes de Niven. Allí donde la ciencia ficción sobresale tantas veces, en su dimensión metafórica, referencial, en Mundo Anillo no acaba de brillar. Desde esta perspectiva, la comparación resulta tan sangrienta como la película de Haskin y su antecedente novelesco. Más allá de los aciertos innegables de la historia en cuanto al fondo, la forma falla debido a un excesivo optimismo científico, que monopoliza el relato. Así, la afirmación al final del libro parece exagerada, tal vez porque los acontecimientos finales se precipitan y se concentran en exceso, hasta el punto de que tenemos la impresión de habernos perdido algo. No es lo suficientemente redonda, vaya (sin ánimo de entrar en un juego de palabras y de sentidos).

Su importancia, sin embargo, es innegable y después del final de la denominada “edad de oro” de la ciencia ficción, Mundo anillo tuvo un papel reactivador destacado. De hecho, en EEUU han sido varios los que se han aproximado con ojos puramente científicos a esta obra. Se cuenta que un instituto de Florida, por ejemplo, se dedicó a estudiar la novela en busca de algún error científico (actividad bastante frecuente entre los fanáticos de la hard SF) y llegaron a la conclusión de que la capa superficial de la tierra de Mundo Anillo en realidad se habría desplazado hacia el mar al cabo de mil años de su formación. También desde el punto de vista de la física parece que algún principio tambalea, como tambalearía el propio planeta de ser una entidad real, según dicen los expertos. Niven, afectado por estas críticas, se vio empujado a escribir la secuela Ingenieros de Mundo Anillo (1980) para corregir los errores. Ni en esta segunda parte ni en las dos posteriores, sin embargo, Trono de Mundo Anillo (1996) e Hijos de Mundo Anillo (2004), se corrigen las desviaciones que apuntábamos antes en cuanto a la forma. Y es así como a lo largo de su universo no encontramos que ninguno de sus personajes de carne y hueso logre conmover un àpice de lo que conmueve, por ejemplo, el Robbie de Asimov.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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2 thoughts on “MUNDO ANILLO (1970) – Larry Niven

  • 26 febrero, 2017 at 6:09 am
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    Hola, sólo quería hacer un alcance a tu reseña, y es que la CF hard ya existe de antes de Mundo Anillo, y el ejemplo más claro es la novela Misión de Gravedad, de Hal Clement, de los años 50.
    Saludos.

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    • Daniel Genís
      26 febrero, 2017 at 8:36 am
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      Hola Miguel Fernando. Muchas gracias por el apunte. Desconocía la obra que dices. Yo en la reseña lo que digo es que Mundo anillo ha sido considerada la primera, no que lo sea o lo pueda ser. Pues estoy convencido, como señalas, que las características de la scifi hard ya se han dado anteriormente en otros libros, del mismo modo que hay obras anteriores a Frankenstein que pueden ser consideradas de ciencia ficción, aunque de forma bastante unánime se haya escogido esta como la fundacional del género. Siempre cuando hablamos de etiquetas hay un enrome margen de error. ¡Un saludo!

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