LA CATACUMBA NUEVA (1900) – Arthur Conan Doyle

Autor: Arthur Conan Doyle
Título: La catacumba nueva (The New Catacomb)
Editorial: Punto de lectura
Año: 2006 (1900)
Páginas: 160
ISBN: 9788466368568
Valoración: ★★★
 

Mientras el imperio español hacía aguas, ese mismo 1898 sir Arthur Conan Doyle se adentraba en los arcanos de la historia para rescatarnos del olvido otro imperio del pasado venido a menos en la actualidad: Roma. Fascinado por las civilizaciones antiguas (ya hemos hablado de su obsesión por el Egipto de los faraones), la antigua Roma de los Césares era un campo de especulación análogo para sus relatos de misterio y terror. En este caso, la historia lleva por título “La catacumba nueva”, y cuenta la historia de Kennedy y Burger, dos célebres estudiosos del arte de la antigua Roma que, al modo de un Edward Bellingham y un William M. Lee en “La momia” (1892) o un Sherlock Holmes y el dr. Watson (siempre suele haber una pareja protagonista en los relatos de Doyle), representan el día y la noche en cuanto a sus características y personalidad: mientras Kennedy ha tenido una vida fácil y es un tipo sociable, Julius Burger se lo ha tenido que ganar todo con mucho esfuerzo, y eso no le ha dejado tiempo para cultivar las relaciones sociales, que desprecia.

A pesar de sus diferencias de talante, la relación entre ambos es buena, casi cordial, ya que a pesar de ser competidores, son de los pocos jóvenes con empuje que se dedican en este campo. Todo empieza a cambiar, sin embargo, cuando Kennedy descubre que Burger ha encontrado una nueva catacumba que esconde una cantidad nunca vista de reliquias, y Burger está poco dispuesto a compartir su secreto con Kennedy. Después de mucho insistir, sin embargo, Kennedy consigue de Burger un compromiso: dada la intimidad que representa para él aquel hallazgo, sólo aceptará de hablar de ello si su colega también lo hace de algún asunto íntimo para él.

Diga todo lo que hubo en sus relaciones con miss Mary Saunderson.

De primeras, Kennedy se indigna (¡es un caballero, qué caray!), Pero los deseos de saber sobre aquel fabuloso descubrimiento acaban pudiendo con sus reticencias. Así pues, Kennedy relata cómo consiguió los favores de la joven señorita Saunderson con engaños y faltas y cómo, una vez hubo conseguido lo que buscaba, la dejó, maculada y avergonzada:

Si empecé a festejarla fue por puro afán de aventura (…) ¿Qué es lo que nos saca de la monotonía de la vida sino ellas? […] Y como colmo de obstáculos que daban atractivo a la empresa, ella misma me dijo a las primeras de cambio que estaba comprometida.

Desgraciadamente para él, sin embargo, Kennedy nunca supo el nombre de aquel su prometido.

Burger se da por satisfecho con el relato de su colega, y en este particular quid pro quo entre ellos dos, acepta llevar a Kennedy hasta la nueva catacumba que ha descubierto. Eso sí: nadie puede tener la más mínima sospecha de lo que se proponen, y toda precaución es poca. La catacumba es un auténtico laberinto de cámaras y más cámaras, un rompecabezas imposible de resolver… menos para Burger, que ha elaborado un sistema para guiarse.

¿Sabe usted la cantidad de vueltas y más vueltas equivocadas que hay desde aquí hasta las escaleras? -Preguntó. Son más de dos mil. Sin duda, los cristianos recurrieron a este sistema como medio de protección. Hay dos mil probabilidades contra una de que, incluso disponiendo de una luz, consiga una persona salir de aquí, pero si tuviera que hacerlo moviéndose entre tinieblas, le resultaría mucho más difícil.

En un momento dado, sin embargo, la vela que sujeta Burger se apaga, y todo queda en la más absoluta de las negruras. Entonces, Kennedy oye la voz de Burger, que desde lo profundo de aquella oscuridad le dice:

Pues bien, Kennedy, tengo entendido que hay dos cosas en las que es usted muy aficionado. Una de ellas es la aventura, y la otra, tener obstáculos que vencer. En este caso, la aventura debe consistir en que usted se las arregle para salir de esta catacumba. El obstáculo consistirá en las tinieblas y en los dos mil ángulos equivocados que hacen difícil esta empresa. Pero no necesita darse prisa, porque dispone de tiempo en abundancia. Cuando pare de vez en cuando para descansar, me gustaría que se acordara precisamente de miss Mary Saunderson, y que reflexione si se llevó usted con ella con toda la decencia.

Kennedy reniega, insulta, suplica por su vida. Pero nada conmueve el corazón de Burger, que se aleja de su colega.

La última voz humana que oyó Kennedy en su vida fueron las carcajadas de Burger, y estas palabras, que sonaban ya lejanas en la oscuridad:

Miss Saunderson estaba comprometida para casarse con un pobre diablo, con un farragoso investigador que se llamaba Julius Burger.

Escribió Borges:

Sigo el odiado / camino de monótonas paredes / que es mi destino. Rectas galerías / que se curvan en círculos secretos / al cabo de los años.

El amor, en el corazón de los hombres, siempre es el peor laberinto; si no se lo creen, ¡pregúntenselo al minotauro!


Publicado originalmente en la revista Míra’m en julio de 2008 en la sección Els arxius Conan Doyle.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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