YO, ROBOT (1950) – Isaac Asimov

Autor: Isaac Asimov
Título: Yo, robot (I, robot)
Editorial: Edhasa
Año: 2009 (1950)
Páginas: 384
ISBN: 9788435018364
Valoración: ★★★★★

 

El poeta latino Ovidio dejó dicho en sus Metamorfosis que el hombre fue dotado de unos ojos que miran hacia arriba para levantarlos al cielo y ver mejor las estrellas. Isaac Asimov, ruso de nacimiento pero estadounidense de adopción, miró a lo largo de su vida muchas veces hacia el cielo para explicar, con auténtica vocación de científico (fue doctor en bioquímica en la Universidad de Boston), lo que veía. Cientos de relatos de los géneros más diversos (no en vano una de sus máximas era que uno de los mayores bienes del hombre era una mente inquieta), pero sobre todo de ciencia ficción y robótica, han convertido Asimov en el escritor más prolífico del siglo XX, y también en uno de los más leídos y populares.

Sin duda ha contribuido a ello la creación de un universo homogéneo de personajes (George Powell, Mike Donovan, la robotpsicóloga Susan Calvin) que han ido apareciendo a lo largo de sus relatos, desde “Robbie” (1940), “Razón” (1940) o “El Círculo vicioso” (1942) hasta “Mentiroso” (1940), todos incluidos en Yo, robot (1950), una de sus obras fundamentales para entender la interacción entre humanos y robots (anterior al famoso ciclo de relatos de la Fundación), y donde se formulan las célebres Leyes de la robótica: la creación de vida artificial resulta inquietante para la mayoría de los humanos y los gobiernos se ven obligados por la presión popular a imponer limitaciones a la autonomía de los robots ante la posibilidad de que se vuelvan en contra de aquellos que los han creado (es el denominado “complejo de Frankenstein”).

Estas limitaciones, auténticas directrices éticas para los autómatas, son tres, y están impresas en sus mentes positrónicas y son del todo inviolables: 1ª ley: un robot no puede causar daño a un ser humano, o por inacción suya, dejar que le pase nada malo; 2ª ley: un robot debe obedecer las órdenes que le den los seres humanos, fuera de los casos en que estas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley; 3ª ley: un robot debe proteger su propia existencia, siempre que ello no signifique entrar en conflicto con la Primera y la Segunda Leyes. Quizás es por eso que Asimov, que vivió de primera mano las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, dice de ellos que son una especie mejor y más pura que nosotros. O como escuchamos por boca de la robotpsicóloga Susan Calvin, famosa por apreciar más a los robots que a los humanos: Esencialmente, los robots no tienen malicia.

Las contradicciones entre las tres Leyes, el debate filosófico que originan, en definitiva, las propias limitaciones en los robots heredadas de aquellos que los fabrican (no olvidemos que ningún ser puede crear a otro que le sea superior), es lo que da lugar a la mayoría de sus relatos sobre robots. El dilema que persigue la existencia de estos seres sin alma metafísica (el autor se encarga de dejarlo bien claro en “Robbie”) pero con capacidad cognitiva (en “Razón” el cartasianismo del androide lo lleva a afirmar: Pienso, luego existo) es el motor de las obras de Asimov centradas en el tema de los robots.

El conocimiento y su contra, la superstición (la religión), podríamos pensar que son uno de los grandes temas de Asimov en sus obras. No en vano dijo que

El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento mucho más deprisa que la sociedad en sabiduría.

Lo que origina una distorsión, una triste disociación entre ambas (ciencia y sociedad). Distorsión aún mayor si atendemos a la ciencia ficción de la manera que lo hace el protagonista metálico de “Atrapa al conejo”, que dice:

Su ciencia es un montón de acumulación de datos amasadas con teorías de poca monta, y todo es tan increíblemente sencillo, que apenas merece la pena tomarla en consideración. Es su literatura de ficción, lo que me interesa.

El conocimiento crea problemas, pero la ignorancia no es la solución; ante el pesimismo de la inteligencia es necesario aportar el optimismo de la acción. Y si tenemos que hacer uso de la literatura de ficción para entender la realidad más y mejor, ¿quién nos será un mejor maestro que Asimov?

Relatos contenidos en esta antología:
Robbie ★★★★★
Círculo vicioso ★★★★★
Razón ★★★★★
Atrapa al conejo ★★★
Mentiroso ★★★★★
El pequeño robot perdido ★★★★★
¡Evasión! ★★★★
Evidencia ★★★★★
El conflicto evitable ★★★

La Serie de los robots:
Yo, robot ★★★★★
El robot completo
Visiones de robot
Bóvedas de acero
El sol desnudo
Los robots del amanecer
Robots e Imperio

Publicado originalmente en la revista Míra’m en agosto de 2004 en la sección La masmorra de l’androide / Traducción castellana online en SdCF desde noviembre de 2004.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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