NEUROMANTE (1984) – William Gibson

Autor: William Gibson
Título: Neuromante (Neuromancer)
Editorial: Booket
Año: 2012 (1984)
Páginas: 317
ISBN: 9788445075951
Valoración: ★★★★
 

William Gibson ha sido considerado el padre del cyberpunk dentro del género de la ciencia ficción, sobre todo a partir de su novela Neuromante. El cyberpunk es un subgénero que se ambienta en futuros distópicos, con un alto grado de tecnificación y donde la informática y la cibernética tienen un gran protagonismo. A pesar de que el orden social aparece alterado, estas distopías, sin embargo, no se parecen a las de Orwell o Huxley, ya que se centran en los conflictos provocados por la tecnología y no en los de la política. Inteligencias artificiales, espionaje industrial, piratería informática, etc. Tampoco los futuros lejanos de Asimov son referentes válidos. El cyberpunk se sitúa en un futuro cercano, postindustrial, con una atmósfera que recuerda la del cine negro.

Neuromante dio en muchos aspectos el disparo de salida a todo esto. Ganadora en 1984 de los premios Hugo, Nebula y Philip K. Dick, es el primer título de la denominada trilogía del Sprawl, formada además de ésta por Conde Cero (1986) y Mona Lisa acelerada (1988). Esta primera novela de Gibson, pues, anticipa las características de un género que a lo largo de más de veinte años se ha agrandado y traspasado fronteras artísticas y culturales, desde el manga japonés al cine de Hollywood. Así, en la historia del cowboy informático (es decir, Haker ciberespacial, en la jerga del libro) Henry Dorsett Case, drogadicto e incapacitado para seguir haciendo su trabajo debido a la mutilación química a la que le sometieron sus antiguos jefes cuando los intentó estafar, encontramos ecos de otros personajes populares. Por ejemplo, todo ese mundo del ciberespacio y las entidades virtuales que lo habitan, así como un cierto mesianismo remiten inmediatamente al fenómeno Matrix (1999). Y aún también para los amantes de la animación japonesa seguro que no pasará inadvertida la semejanza con el clásico Ghost in the shell (1995) o incluso con Cowboy Bebop (1998). Y aún, de forma también bastante evidente, este mundo postindustrial, con constantes referencias a la cultura japonesa e hipertecnificado, recordará a los amantes de la ciencia ficción clásica a Blade Runner (1982), donde por otra parte también se mezclan hábilmente ciencia ficción y cine negro, en la mejor tradición del ciberpunk.

Neuromante cuenta la historia de cómo Case es reclutado por un tal Armitage, el cual, a cambio de reconstruir su red neuronal, le exige que le ayude en un trabajito.

Durante miles de años los hombres han soñado hacer un pacto con el demonio. Sólo ahora es posible.

En compañía de Molly (una especie de Trinity muy en la línea de las heroínas del cyberpunk) y Maelcum (un miembro de la marina rastafari), Case se embarcará en una aventura llena de engaños, sexo y violencia, que acaba llevando los protagonistas a un desenlace inesperado y al descubrimiento de quién (o qué) es Neuromante.

Para invocar un demonio necesitas saber qué nombre tiene.

De hecho, el nombre Neuromante, ya da pistas: “neuro” haría referencia a la dimensión mental de su naturaleza y “mante” derivaría de adivinación o magia, con lo que Neuromante vendría a ser algo así como magia mental. Otro personaje, Wintermute, también navega en aguas metafísicas. No es un personaje corpóreo, sino una inteligencia artificial. Al igual que Dixie Flatline, la conciencia de un hombre muerto.

Por todo ello ya se puede entender que no resulte sencillo al neófito seguir el hilo de la peripecia. No sólo por este particular mundo metafísico.

Soy la matriz […] ¿Eres Dios?

Si algo caracteriza a este subgénero es el uso de un vocabulario específico, desconocido para el lector no avezado, hermético: la matriz, el hielo, Hosaka, microsoft, simestim, etc. La retahíla de argot puede empalagar hasta el punto de que las páginas se cuelen entre los dedos del lector sin que éste entienda absolutamente nada de lo que está leyendo. Es un riesgo. Esta tecnificación, sin embargo, no está reñida con cierta poeticidad en el estilo. Así, junto al metal, los chips y los electrodos, hay también lugar para la literatura y la carne. Y es que Neuromante es un libro excelente, que habla de cosas importantes, pero no es un libro para todos los públicos. Antes de emprender la lectura, pues, será necesario que cada uno valore el sacrificio que está dispuesto a hacer.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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4 thoughts on “NEUROMANTE (1984) – William Gibson

  • 2 noviembre, 2015 at 8:11 pm
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    A mí me costó trabajo seguir la novela no por el argot (nuna he sido experto en tecnología pero me parecía muy claro a qué se refería en la mayoría de los casos; en otros, sólo daba por hecho que era algo tecnológico), sino por la estructura. Los bloques dentro de los capítulos hacen saltos, pequeños y grandes, de tiempo, y a veces me costaba saber qué había pasado en esos espacios en blanco. Pero cuando le tomé gusto, incluso adopté ese estilo de escribir en bloques y elipsis para mi propia literatura, y me ha dado excelentes resultados.

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    • Daniel Genís
      2 noviembre, 2015 at 8:25 pm
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      Me alegra leer que ese estilo tan particular de a novela te resultó inspirador. De hecho, Neuromantic me parece un auténtico ejercicio de estilo, muy particular, ciertamente, pero también muy bello. Aunque a mi me costó entrar más en ella a causa del argot que de esos bloques que tu citas, al final la experiencia me valió igualmente la pena. Gracias por comentar, Jorge.

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      • 2 noviembre, 2015 at 8:45 pm
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        Vale la pena hacer el esfuerzo para entender un texto complejo, para leer obras “difíciles”. Ahí suele uno encontrarse las mejores cosas. Pienso.

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  • Daniel Genís
    2 noviembre, 2015 at 8:51 pm
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    Estoy de acuerdo. Lo fácil ofrece poco, las más de las veces. Aunque también creo que debe valorarse si la dificultad queda justificada por aquello que aporta una lectura. En este caso en cuestión, está claro que si.

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