EL VAMPIRO (1819) – John William Polidori

Autor: John William Polidori
Título: El vampiro (The Vampyre)
Editorial: Planeta
Año: 2010 (1819)
Páginas: 96
ISBN: 9786070703935
Valoración: ★★★★

 

Para hablar de esta obrita debemos retrotraernos al nacimiento de Frankenstein (1818), ya de sobras conocido. La propia Mary Shelley lo explicó en una especie de prólogo-confesión en su novela que se puede leer en cualquier edición moderna hoy en día. Según ella, la idea surgió durante una visita que con su marido, el famoso poeta inglés Percey Bysshe Shelley, hicieron, en el verano de 1816, a lord Byron, que se encontraba exiliado en Ginebra, muy cerca del lago Leman, en la villa Diodati. Siempre según el relato de la autora, una lluvia interminable los encerró muchos días en casa (fue el año sin verano), y el tedio llevó a Byron a proponer una competición: cada uno escribiría una historia de fantasmas. Así nació el monstruo de Frankenstein, la más famosa criatura de aquella espectral velada, pero no la única. Parece ser que John William Polidori, el joven médico personal de Byron, también hizo su personal aportación: un cuento de veinte páginas con el título conciso de El vampiro.

La historia, en algunos momentos algo enrevesada, en otros brillante, se centra en dos personajes: lord Ruthven, que esconde bajo sus modales aristocráticos su naturaleza de vampiro, y Aubrey, un jovencito inexperto que lo acompaña inocentemente en sus viajes de seducción hasta que descubre su secreto. Desgraciadamente, el descubrimiento llega demasiado tarde. Su comportamiento perturbado y el hecho de que la gente, haciendo gala de un racionalismo propio de la época que es objeto de crítica (como en Frankenstein, por otra parte) precipitan un desenlace tremendamente trágico.

Hoy en día sabemos que esa pieza fue obra de Polidori, pero lo cierto es que durante muchos años, especialmente los inmediatamente posteriores a su publicación, sobrevolaron numerosas dudas sobre su autoría, atrubuyéndose durante algún tiempo al propio Byron. Según explica Marina Espasa, traductora de la edición en catalán,

Byron le habría explicado un cuento a Polidori, y éste se habría inspirado en él para escribir El vampiro.

Nada más. Por lo tanto, es el médico quien debe considerarse el autor y no el famoso lord inglés, el cual, como muy socarronamente señala Espasa, habría vampirizado con su fama al pobre Polidori. De hecho, se ha señalado que la figura que nos presenta Polidori, este aristócrata elegante y misterioso, tremendamente seductor, pero a la vez frío como el hielo con los demás, podría representar precisamente a Byron, con el que Polidori parece que tenía unas relaciones más bien tensas (de hecho, acabó despedido de su servicio poco después).

Hoy en día, El vampiro es reconocido unánimemente como el primer cuento que da categoría literaria al mito de los vampiros. Escrito en 1816 (aunque no se publicó hasta tres años más tarde), es diecinueve años anterior a la Berenice (1835) de Edgar Allan Poe, cincuenta y seis a la Carmilla (1872) de LeFanu y ochenta y uno al vampiro más famoso de todos, el Drácula (1897) de Bram Stoker. Es cierto, como aporta el documentadísimo prólogo de Marina Espasa, que no se trata de la primera historia vampírica. Antes del doctor Polidori el Romanticismo ya había tenido sus vampiros en la pluma de Gottfried August Bürger y su Lenore (1773), La novia de Corinto (1797) de Goethe o en algunos poemas de Keats, por ejemplo. Es con El vampiro aristocrático de Polidori, sin embargo, que en el Romanticismo europeo eclosiona el tema del vampiro: Hoffmann, LeFanu, Dumas… Desgraciadamente, el joven doctor no pudo paladear el reconocimiento, que tanto había anhelado siempre, ya que en 1821, sólo dos años después de publicar su cuento, se quitó la vida

Presionado por deudas de juego que no podía pagar y por quién sabe cuántos fantasmas de angustia sobre el fracaso literario.

El mito vampírico, sin embargo, mucho antes de estar en las páginas de los libros, se encontró en los temores ancestrales del folclore popular, especialmente centroeuropeo. En los Balcanes, en Bulgaria, en Rumania, en Grecia, en Polonia o en Rusia la figura del muerto viviente chupador de sangre que se levanta de su ataúd reaparece esporádicamente a lo largo de los siglos. El filósofo francés Voltaire, uno de los máximos símbolos de la Ilustración y azote de la superstición y el fanatismo religioso, se quejaba precisamente de que no se sintió hablar sino de vampiros entre 1730 y 1735. Marina Espasa también aporta el dato de un temprano vampiro catalán: “La xucladora” (1899), de Joaquim Ruyra. El vampiro apela nuestros temores más atávicos, a lo que nos aterriza de forma más primitiva.

Es por eso que a menudo se asocia al murciélago, la rata, el lobo, el gato o la lechuza.

En definitiva, pues, esta es una oportunidad de oro para descubrir una joya del terror vampírico.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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