EL ANILLO DE THOTH (1890) – Arthur Conan Doyle

Autor: Arthur Conan Doyle
Título: El anillo de Thoth (The ring of Thoth)
Editorial: Anaya
Año: 1991 (1890)
Páginas: 94 páginas
ISBN: 842-07-750-0001-2
Valoración: ★★★

 

No sólo de pan vive el hombre. Y no únicamente de Sherlock Holmes vivió Arthur Conan Doyle. Referente (aparte de la novela policíaca) de los relatos de terror, Doyle se reveló como un apasionado de la arqueología y la egiptología, y buena parte de sus relatos más terroríficos tienen como telón de fondo este escenario. Doyle participa de la aureola romántica que aquellos años del siglo XIX rodeaba el mundo del antiguo Egipto y los faraones. Julià Guillamon nos explica cómo, desde las expediciones napoleónicas y su efímera conquista de Egipto, aquella antigua y olvidada civilización comienza a cobrar una enorme popularidad entre los europeos occidentales. Con posterioridad, el expolio británico de algunos de los templos y tesoros más espectaculares se manifestó crucial en el conocimiento del arte y la iconografía faraónicas.

El relato de las excavaciones de Belonzi, como anteriormente el de las de Denon, presenta la imagen de un Egipto salvaje, sometido a la depredación inclemente de los exploradores, a las luchas entre expediciones rivales ávidas de tesoros y con la oposición cruenta de los nativos, movida por tesoros ancestrales.

Eran demasiado atractivos los ingredientes para que Egipto y sus historias fueran únicamente material de trabajo de los historiadores y los geógrafos. Así pues, pronto los novelistas comenzaron a tomar cartas en el asunto. De esta manera, Chateaubriand en su Itinéraire de Paris a Jerusalem o el propio Flaubert viajan a Egipto y constatan sus misterios. Llevado de este sentimiento escribió Chateaubriand:

Este sepulcro no es el límite que anuncia el final de una carrera de un día, sino que señala la entrada en una vida eterna; es una especie de puerta construida en los confines de la eternidad.

Pero es Théophile Gautier (1811-1872) quien consigue la mitificación de Egipto a partir de obras como Une nuit de Cléopâtre (1838) o Le pied de la momie (1840), precedentes de su mayor obra Le roman de la momie (1857). En esta novela explica como un lord inglés y un estudioso alemán descubren una tumba inviolada y como en el interior encuentran el cadáver, bellísimo, de una mujer y el pergamino donde se explica su maravillosa historia de amor. La figura de la mujer fascina a los investigadores, pero ni rastro de nada sobrenatural. Ni una pizca de terror por ninguna parte. Serán otros, a partir de lo que dejó escrito Gautier, los que harán levantar las momias de sus sarcófagos para aterrorizar a los pobres europeos. Es el caso de Lovecraft en Imprisoned with the Pharaohs o Poe y sus Some word with a mummy. Y también, inevitablemente, es el caso de nuestro Conan Doyle en varios relatos, entre los que destacan El anillo de Thoth (1890) y La momia (1892).

El anillo de Thoth, en algunos aspectos, parece estar inspirada en Le roman de Gautier. La obra de Doyle nos habla del prestigioso arqueólogo John Vansittart Smith, el cual, en las interioridades del Louvre, en la sala egipcia, se encuentra con la figura de un extraño vigilante, de aires misteriosos: 

Al fijar la mirada en su piel, Vansittart Smith sintió la repentina impresión de que su aspecto tenía algo de inhumano y fuera de lo natural.

Casi casualmente, Vansittart Smith ve, oculto entre los sarcófagos, como el extraño vigilante del museo se acerca a una momia y la empieza a desenvolver. Sorprendentemente, aparece el cadáver de una bella mujer, casi incorrupto: sus cabellos, su piel, sus ojos, la nariz… están igual que hace 4.000 años. Pero el efecto vivificador dura tan sólo unos instantes, y el aire daña el trabajo del embalsamador: 

La piel se le había despegado, los ojos se le habían hundido, los labios descoloridos se habían retorcido apartándose de aquellos dientes amarillos.

Absorto en aquel milagro, Vansittart Smith no se da cuenta de que ha sido descubierto por el vigilante.

Entonces, Vansittart Smith se convierte en el único testigo de una aterradora historia: el vigilante le explica cómo en realidad él era Sosra, el antiguo hijo del sacerdote de Osiris, nacido hacía miles de años, y como había descubierto una extraña poción que confería una longevidad inaudita. Creyendo haber encontrado el mejor de los regalos, confió el secreto de su brebaje a su buen amigo Parma, por lo que nunca le faltaría un compañero de su edad. Entonces, sin embargo, ocurrió la tragedia: ambos conocieron una bella chica, Atma, y se enamoraron. Ambos le juraron amor eterno, y Sosra la quiso recompensar con el fabuloso elixir. Pero el destino es cruel, a veces: así pues, antes de que Sosra le pudiera dar la vida eterna, la peste blanca, la tuberculosis, se la llevó. Así pues, lo que en un principio parecía la mayor de las alegrías, se acabó convirtiendo en la mayor desdicha: sólo en este mundo por los siglos de los siglos… este era el destino terrible que parecía esperar a los dos hombres. Pero Parma se rebeló: encontró un contraelixir capaz de darle la muerte, y de esta manera ir en pos de la amada. Sosra le suplicó que le dijera cómo lo había hecho, cuáles eran los ingredientes de su poción. Pero Parma ocultó su secreto en el lugar más impensado, y sólo se limitó a decirle: 

Hay un ingrediente secreto que no conseguirás nunca. Sólo se encuentra en el anillo de Thoth y nadie conseguirá de obtenerlo.

Océanos de tiempo pasaron hasta que el pobre Sosra volvió a tener noticia de aquel preciado anillo, en cuyo interior se ocultaba el líquido que debía enviarlo al más allá de una vez por todas, junto con su amada Atma. No fue hasta hacía muy poco, en el periódico, que, leyendo sobre una excavación, descubrió que en la tumba descubierta de la propia Atma se había encontrado, sobre su pecho, un fabuloso anillo de platino con un cristal oscuro incrustado. Rápidamente Sosra entendió la jugada de su viejo amigo: ocultó el anillo en el único lugar de la tierra en el cual no osaría buscar, la tumba de su amada. Ahora, sin embargo, a la postre, Sosra ya podía reunirse con él. Vansittart Smith abandonó el museo tremendamente turbado. Pero procuró no pensar más en ello. Era todo demasiado irreal. Hasta que días más tarde, en la prensa, leyó:

…los ouvriers encargados de la limpieza de las salas (del museo), por la mañana encontraron uno de los vigilantes muerto en el suelo abrazado a una de las momias. Su abrazo era tan estrecho que resultó tremendamente difícil de separarlos.

Es oportuno aquella hermosa cita de los maravillosos lais de María de Francia, que cantan los amores del más triste de los caballeros, Tristán, y la más desdichada de las damas, Isolda:

Con ellos dos sucedía como con la madreselva, que se enreda en el avellanedo; que, quien se ha enlazado y se ha adherido entorno de la rama, los dos, unidos, pueden vivir, pero, si se quiere separarlos, el avellano muere enseguida, y la madreselva también. «Bella amiga, así de nosotros: ni vos sin mí, ni yo sin vos».


Publicado originalmente en la revista Míra’m en febrero de 2008 en la sección Els arxius Conan Doyle.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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