EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE (1886) – Robert Louis Stevenson

Autor: Robert Louis Stevenson
Título: El  Dr. Jekyll y Mr. Hyde (The strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde)
Editorial: Alianza
Año: 2008 (1886)
Páginas: 128
ISBN: 9788420662220
Valoración: ★★★★★

 

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde fue escrito a finales de 1885 en Bornemouth. Robert Louis Stevenson, de treinta y cinco años, estaba en la cama, recuperándose de la última crisis pulmonar (entonces ignoraba que nueve años después la tuberculosis lo acabaría venciendo). En su postración había tenido un sueño revelador: había imaginado una historia de terror protagonizada por un individuo de personalidad doble que sembraba el pánico por las calles de Londres.

A su esposa Fanny el relato no la convenció. Consideraba que la trama daba para mucho más que para una simple historia de terror, y que las implicaciones morales podían llevar a hacer una novela en que se abordaran aspectos más profundos de la naturaleza humana. Tras resistirse en un primer momento, Stevenson decidió rehacer el relato y centrarse en la problemática interna del protagonista, y no tanto en sus actos macabros. El resultado fue el manuscrito inicial de El Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El acierto del nuevo enfoque fue total.

Para entender algunos aspectos de la novela, como la dualidad del protagonista, algunos críticos han hecho notar la influencia que sin duda tuvo sobre Stevenson su Edimburgo natal. La ciudad escocesa, aquellos primeros años del siglo XIX, era en realidad dos ciudades en una: por un lado estaba la Edimburgo de la New Town, de los barrios respetables, religiosos y acomodados, y por otra estaba la Edimburgo de la bohemia, los burdeles y la delincuencia. El contraste de una respecto a la otra fue lo que, en opinión de algunos críticos, despertó en Stevenson la fascinación por el tema de la dualidad de la naturaleza humana y le proporcionó los materiales sobre los que construir la historia de Jekyll y Hyde .

De todos modos, parece que la idea de Stevenson no era del todo original. Los estudiosos se han encargado de buscar (y encontrar) todo tipo de precursores a la terrorífica historia del dr. Jekyll, desde el cuento de E.T.A. Hoffmann El elixir del diablo (1816) hasta El caballero doble (1840) de Theophile Gautier. Aparte, nos permitimos apuntar también nosotros que la personalidad del ficticio dr. Jekyll no era ninguna irrealidad aquellos años. Como muestra de ello, tenemos el testimonio de la vida de Edgar Allan Poe de quien dice Arthur Moeller:

Él fue el primero de aquellos seres desdoblados, de aquellas naturalezas escindidas, de aquellos espíritus mitad pensamiento y mitad sentimiento que constituyen la problemática creación literaria de toda la época,

El Romanticismo se encargó de construir doctores Jekyll, individuos melancólicos, pesimistas, de sensibilidad extrema y tendentes a la locura y al suicidio. Individuos como S.T. Coleridge, Lord Byron o Percy y Mary Shelley en Gran Bretaña, o Novalis, Hölderling o Goethe en Alemania.

Con la losa de su tuberculosis encima, Stevenson hizo un descenso temático a los infiernos más profundos y temidos por los escritores y lectores de la época victoriana: la perversión, el pecado, la culpa, la maldad, la dualidad de aquella sociedad de las apariencias, etc.

Y así consiguió asomarse a la miseria y a la grandeza humanas, para mostrar la verdadera cara del hombre, que tantos rasgos tiene de bestia.

Lo dice Marcelo di Marco. El dr. Jekyll (que suena casi igual que “je kill”, es decir, “yo asesino”, mitad en francés mitad en inglés) sería la cara del hombre y Mr. Hyde (en inglés el verbo “to hide” significa “ocultar”) sería la bestia que hay escondida detrás. 

Todos los hombres del mundo son una mezcla del bien y del mal, y Edward Hyde, solo, entre los hombres del mundo, era el puro mal.

Escindido en dos mitades, resultaba que una, la original, era el dr. Jekyll, donde habitaba, como en todos los hombres del mundo, el bien y el mal; la otra mitad, llamada Mr. Hyde, era, en cambio, pura maldad. Y ante los remordimientos y la infelicidad de la mitad original, observamos como la mitad mala y homicida, aquella que actúa según su voluntad sin atender a razones o convenciones, es plenamente (terriblemente) feliz. En el fondo, vendría a decirnos, todos deseamos liberar nuestro Edward Hyde.

Y las llaves de las cadenas que sujetan al monstruo son un brebaje, una poción mágica que el dr. Jekyll ha inventado en su laboratorio. Después de bebérsela nos dice:

Mi demonio, que había sido encarcelado durante un tiempo, salió rugiendo.

Podemos ver en este elixir una referencia a la importancia que tenían las drogas en aquella generación romántica inglesa: su consumo era usado como estimulante del sueño, de visiones terroríficas, y estaba en perfecta sintonía con una tendencia que refleja el ambiente de una época fascinada por la exploración del subconsciente a través del sueño. Ya nos decía Vladimir Nabokov que en nuestra novela incluso las cámaras subterráneas y los corredores donde habita Edward Hyde hacen pensar en el laberinto del mundo del subconsciente. Lo que Antonio Machado llamaba las “galerías del alma”, cuando cantaba: “Y era el demonio de mi sueño, el ángel más hermoso…”.


Publicado originalmente en la revista Míra’m en diciembre de 2005 en la sección Històries del guardià de la cripta.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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