SIN NOVEDAD EN EL FRENTE (1928) – Erich Maria Remarque

Autor: Erich Maria Remarque
Título: Sin novedad en el frente (Sin novedad en el frente)
Editorial: Edhasa
Año: 2007 (1928)
Páginas: 230
ISBN: 978-84-350-1835-7
Valoración: ★★★★★

 

Erich Maria Remarque, nacido en la Baja Sajonia en 1898, de ancestros franceses, tenía dieciocho años cuando tuvo que abandonar la carrera de profesor para alistarse en el ejército alemán, en 1916. Empujados alegremente por la familia, los profesores, los medios de comunicación, la sociedad entera, que veía en aquel conflicto el romanticismo de los ideales de antaño, una joven generación (de alemanes, franceses, rusos, ingleses, americanos…) fue vertida al sacrificio. Nunca volvería a verse la guerra de la misma manera.

El mundo, entonces, el significado de las cosas y el valor que le otorgaban, se trastocaron, para siempre. 

Teníamos dieciocho años y empezábamos a amar el mundo y la existencia; pero hemos tenido que disparar contra todo eso.

Todas las generaciones han sido marcadas a fuego por alguna guerra: la actual por las de Irak (de Bush padre y Bush hijo), la anterior por la de Vietnam, la de los padres de nuestros padres por la Segunda Guerra Mundial. La Primera es ya muy lejana en el tiempo y la falta de testigos vivos la hacen cada vez más lejana también en la memoria (como un sueño en la madrugada, que dudamos de haber tenido). Pero la Gran Guerra representó un antes y un después en la historia de las guerras, porque fue la primera guerra moderna: fábricas reconvertidas en maquinaria bélica, combates aéreos, bombardeos indiscriminados sobre la población civil, armas químicas… en definitiva, los horrores de la guerra industrial.

Remarque sufrió en carne propia todos estos estragos, los físicos y los psicológicos. No había nada de romántico en el barro de las trincheras, los miembros amputados y la metralla. Cuando volvió del frente occidental en 1918, después de dos años en las trincheras francesas, algo no volvió con él, o volvió estropeado.

La guerra nos ha estropeado a todos.

Algo en aquella generación de jóvenes que aún no habían empezado a disfrutar de la vida cuando se alistaron era irrecuperable. Algunos, los más afortunados, habían caído en el campo de batalla, víctimas de las bayonetas, el gas, las granadas o la locura. Para estos la guerra y el dolor se habían acabado. Otros, en cambio, consiguieron volver enteros de cuerpo (más o menos) a sus hogares, pero no consiguieron mantener la mente intacta. Para estos otros, la guerra no terminaría nunca.

Soy joven, tengo veinte años, pero de la vida sólo conozco la desesperación y la muerte.

Se habían preocupado tanto por matar y sobrevivir, la perspectiva de la paz era para ellos tan quimérica, que no habían imaginado que sería de ellos si se acababa la guerra y lograban volver a casa algún día. Tenían el impulso de la sangre, y un mundo sin guerra no era lugar para ellos. Es el caso de Remarque, que vive desde su vuelta obsesionado con su recuerdo.

¿Cómo puede un hombre tomarse en serio aquello cuando ha estado aquí, en el frente?

Remarque prueba de hacer de maestro, de comerciante, de organista en un asilo, de profesor de música e incluso de piloto de coches de carreras. La tarea de periodista deportivo para Sport im Bild le dio una primera oportunidad de forjar un estilo literario, que se reveló ya tremendamente ágil y objetivo, cualidades que también se observarán en su posterior carrera como escritor. La vida civil, pero, después de dos años al frente y de haber visto todo lo que había visto, le parecía absurda: la mayoría de sus compañeros (del colegio, del regimiento), estaban muertos; el país, en ruinas. Ocho millones de cadáveres, sólo en Alemania. Únicamente a través de la literatura, reviviendo aquel horror, exorcizando sus demonios, haciendo partícipes a los demás del horror, conseguirá encontrar el lugar en la sociedad y calmar su sed de venganza. Venganza contra un gobierno, una sociedad y un mundo que había enviado a sus cachorros más tiernos a luchar por nadie sabía muy bien qué.

Resulta aleccionadora la discusión a propósito de los motivos y la necesidad de la guerra entre Paul Baum, el alter ego de Remarque en la novela, y sus colegas, entre los cuales destaca Tjaden, que pasa por ser el menos avispado del grupo porque es el único que no era estudiante, y que sin embargo, con la obviedad de sus preguntas, les da una auténtica lección. Tjaden quiere saber cómo tiene lugar una guerra, como empieza, como estalla, a cuyas preguntas sus colegas responden con altanería que, generalmente, las guerras se producen cuando un país ofende otro país. Pero Tjaden no lo entiende:

Una montaña alemana no puede ofender una montaña de Francia. Ni un río, ni un bosque, ni un campo de trigo….

Entonces, con la paciencia del maestro disciplinando al discípulo, le explican que es un pueblo entero el que ofende y otro el que se siente ofendido. A cuya respuesta Tjaden dice, seguro y convencido, que al no sentirse él nada ofendido por nadie, por ningún francés, lo que hará será volverse a casa.

Nosotros estamos aquí para defender nuestra patria. Pero también los franceses defienden la suya. Entonces, ¿quién tiene razón?. 

En realidad no se pueden buscar razones a actos irracionales y absurdos como la guerra. Esta sería la lección de Remarque. En la guerra, el hombre sólo puede sobrevivir abandonando lo que tiene de civilizado y reencontrándose con su parte animal. Pero luego, nadie dice que se pueda volver a ser civilizado, que la bestia retroceda para dejar paso al hombre de nuevo. Entonces ya es demasiado tarde. Este es el mensaje pacifista que se oculta tras las carnicerías descritas en Sin novedad en el frente, una novela desagradable pero necesaria, que denuncia en primera persona, con una objetividad clara e hiriente, como un obús, el fanatismo y la violencia. Hablar de la guerra es la mejor manera de predicar la paz.

Evidentemente, la novela escandalizó en la República de Weimer, donde Jünger y von Salomon se dedicaban a exaltar entre los jóvenes los valores militares y el sacrificio por la patria. Era la antesala de un nuevo conflicto, de dimensiones aún más dramáticas. Remarque, en cambio, atacaba los ideales románticos de la guerra y ponía de manifiesto el grado de deshumanización de los soldados que luchaban, no por ideales elevados como hacía creer la propaganda del régimen, sino simplemente para sobrevivir. Pero el huevo de la serpiente ya se estaba incubando aquellos años finales de la década de los veinte, y el encendido pacifismo de Remarque, su discurso antibelicista, llevaron a Goebels a desconfiar de él, y al llegar Hitler al poder, en el año 33, sus obras fueron prohibidas y Sin novedad en el frente se incluyó en la lista de libros que había que quemar, por subversivos. De hecho, el estreno de la versión cinematográfica (All quiet in the west front, Lewis Milestone, 1930) fue boicoteada por los nazis: en el cine Mozart de la Nollendorfplatz de Berlín, por ejemplo, cientos de ratones (evidentemente) blancos interrumpieron la proyección del film.

Poco antes de ver cómo Alemania se levantaba nuevamente en armas contra Europa y contra el sentido común, en 1938, Remarque se exilió a Suiza, y más tarde a Estados Unidos. Hollywood le recibió con los brazos abiertos y se encontró cómodo, rodeándose de caras famosas como Charles Chaplin, Greta Garbo o Marlene Dietrich. Pero su familia en Alemania fue represaliada por los nazis: al acabar la guerra se enteró que su hermana pequeña había sido ejecutada. Paul Baumer muere en el frente, pero Remarque no. Aún así, no consiguió escapar del todo del horror de la guerra.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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