UN MUNDO FELIZ (1932) – Aldous Huxley

Autor: Aldous Huxley
Título: Un mundo feliz (A brave new world)
Editorial: Editores Mexicanos Unidos
Año: 2004 (1932)
Páginas: 251
ISBN: 968-15-0056-3
Valoración: ★★★★★

 

La utopía se había vuelto distopía, aquellos sueños de un mundo perfecto, sin mácula, regido por una telaraña de leyes justísimas se acabó convirtiendo en la realidad en un mundo carente de las más elementales expresiones de libertad. El ruso Yevgueni Zamiátin, por ejemplo, en su obra Nosotros (1924), nos describe brutalmente un mundo totalmente socialista para dentro de mil años, con una transparencia en los comportamientos que permite el control permanente y total de todos los aspectos de la intimidad de las personas y donde el único anhelo es que los humanos lleguen a ser, algún día, tan perfectos como las màquines. El año 1516 Tomás Moro publicaba su célebre obra Utopía (que significa “en ninguna parte”, en griego) , donde trazaba las líneas maestras de su sociedad ideal, basada en una especie de comunismo cristiano. Desde entonces, los sueños utópicos abundaron en las horas de sueño de tantos y tantos pensadores. Hasta que en el siglo XX estos sueños de una sociedad humana perfectamente ordenada y justa se transmutaron en las pesadillas del socialismo estalinista y de los totalitarismos fascistas.

La máxima expresión de esta voluntad la encontramos en Un mundo feliz, del británico Aldous Huxley, auténtica obra de anticipación de toda la moderna literatura de ciencia ficción, que señala el comienzo de una nueva era para la humanidad en el justo momento en que aparece el primer modelo T de la compañía automovilística Ford, lo que representa la producción en serie como el principio de esta sociedad, ya que, al igual que los automóviles, ahora las personas son producidas en serie.

Dijo Huxley:

Yo no quiero confort. No no quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero peligro, quiero la libertad, quiero la bondad, quiero el pecado.

Un mundo feliz expone la visión futurista y pesimista del mundo que tenía Huxley, y nos muestra una sociedad regida por el condicionamiento psicológico como parte de un sistema inmutable de castas, donde todo el mundo disfruta de una aparente felicidad a cambio de renunciar a la libertad. Leemos en la novela:

Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener … y si algo funciona mal, siempre queda el soma.

El “soma”, el narcótico de que se sirve el gobierno totalitario para mantener las conciencias anestesiadas y asegurarse la continuidad. Poco después de publicar Un mundo feliz, Huxley entraría en contacto con las filosofías orientales y comenzaría a experimentar con drogas, y su literatura correría por otros senderos. Sin embargo, volvería a visitar su mundo feliz en Nueva visita a un mundo feliz (1958).

De Huxley se dice que en el momento de su muerte le pidió a su esposa que le administrara una dosis de LSD para mantener la cabeza clara en aquellos últimos momentos, mientras se le escurría de entre las manos el libro tibetano de los muertos. Huxley moría de cáncer en 1963 y moría sin Dios, pero moría libre al fin y al cabo. Todos los demonios piensan que más vale ser libre en el infierno que vivir en el cielo siendo esclavo…


Publicado originalmente en la revista Mira’m en diciembre de 2003 en la sección La masmorra de l’androide / Traducción castellana on-line a SdCF desde mayo de 2004.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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