EL BESO DE LA MUJER ARAÑA (1976) – Manuel Puig

Autor: Manuel Puig
Título: El beso de la mujer araña
Editorial: Seix Barral
Año: 2006 (1976)
Páginas: 287
ISBN: 978-84-322-1727-2
Valoración: ★★★★★

 

El libro más conocido de Manuel Puig, incluido en la lista de las 100 mejores novelas en castellano del siglo XX por el periódico El Mundo, narra la historia de dos presos que comparten celda durante la dictadura argentina de Onganía (1966-1973): Valentín, un preso político sometido a torturas y que se ha negado sistemáticamente a revelar a las autoridades nada sobre su grupo clandestino, y para el que lo más importante es la transformación social, la lucha, la subversión del sistema, incluso más que los sentimientos, y Molina, un homosexual todo sensibilidad, débil y pasivo encarcelado por haber pervertido (por haberse enamorado perdidamente de) un menor de edad.

En la intimidad de su celda, asistiremos capítulo tras capítulo y conversación tras conversación a un proceso de transformación de los dos personajes. Molina, que secretamente se ha comprometido con el director de la prisión a extraer información de Valentín, pretende ganarse su confianza contándole cada noche el argumento de una de aquellas películas que recuerda y que más le han gustado (característica que hay que relacionar con el gusto que sentía Puig por el cine de Hollywood). Normalmente son películas románticas y muy sentimentales, donde el propio Molina se ve haciendo el papel de la heroína de la película, una heroína que se sacrifica por una causa bonita, como el amor. Es de esta manera que Valentín conoce la extraordinaria historia de aquellas mujeres pantera (Cat People, 1943) que matan a quien osa darles un beso.

La raza de las mujeres pantera no se acabó y están escondidas en algún lugar del mundo, y parecen mujeres normales, pero si un hombre las besa se pueden transformar en una bestia salvaje.

Estos ratos les servirán para escapar de las cuatro paredes de aquella prisión; pero también servirán a Molina, como la Sherezade de Las mil y una noches, para cautivar a su compañero y estimular su faceta más afectiva, aquella que había anulado intencionadamente para sobrevivir en aquel agujero. Para enamorarlo y hacerle confesar sus secretos. Por su parte, Valentín irá introduciendo a Molina en sus lecturas políticas e intentará convencerle de que hay cosas más trascendentes, que superan el bien individual. Le arrastrará a su lucha de ideas.

La novela resultó controvertida y fue duramente criticada por los sectores más conservadores de la sociedad cuando apareció el año ’76. Lo más transgresor era el tratamiento que hacía el autor de la homosexualidad, expresada a través de dos personajes que representan el arquetipo femenino (Molina, homosexual que se autodefine literalmente como una mujer y que participa de todas aquellas convenciones y prejuicios que la sociedad, machista, atribuye tradicionalmente a las mujeres: deben ser sumisas, obedientes, sujetos pasivos de un hombre dominante, etc.) y masculino (Valentín, heterosexual convencional e incluso con prejuicios explícitos al comienzo de la obra respecto a la condición sexual de su compañero de celda, la cual rechaza, pero que en cambio abomina de todos aquellos convencionalismos sociales y defiende la igualdad de sexos.

Prometeme otra cosa… que vas a hacer que te respeten, que no vas a permitir que nadie te trate mal, ni te explote. Porque nadie tiene derecho a explotar a nadie.

En definitiva dos voces que responden a la bisexualidad latente en todos los seres humanos, según la tesis que defiende el autor, y que aparece explícitamente expresada en extensísimas notas al pie donde resuena la voz del psicoanálisis.

De hecho, la propia importancia del diálogo, que acerca la novela tanto al diálogo emocional como al lenguaje cinematográfico (compárese con la versión para la gran pantalla, Kiss of the Spider Woman, 1985, hecha por Héctor Babenco e interpretada por Sonia Braga, William Hurt y Raúl Julia), es capital para demostrar esta tesis de Puig: hacia el final de la historia, consumado el acercamiento entre los dos hombres, el diálogo acaba por confundirnos, cuando ya no somos capaces de discernir quien es el que habla, ya que ha habido una fusión de los dos temperamentos en uno solo. Pero no sólo de los temperamentos, la fusión ha sido física, también: en primer lugar por la unión de los cuerpos, y en segundo lugar por la identificación de uno con el otro, representada en una escena extravagante y reveladora.

– Ahora sin querer me llevé la mano a mí ceja, buscándome el lunar. – ¿Qué lunar?… Yo tengo un lunar, no vos. – Sí, ya sé. Pero me llevé la mano a mí ceja, para tocarme el lunar…, que no tengo.

De todos modos, en la tesis del autor sobre la condición sexual de las personas, la práctica sexual con sujetos del mismo sexo no sería propiamente homosexualidad, no definiría esa persona. Mucho más reveladora, en cambio, moralmente más significativa, sería la implicación afectiva. Y es en este terreno que se debe tomar en consideración la escena del beso: 

– Bueno, pero de despedida, querría pedirte algo… – ¿Qué? – Algo que nunca hiciste, aunque hicimos cosas mucho peores. – ¿Qué? – Un beso.

En este beso, que trasciende la simple relación sexual y la convierte en afectiva, se produce la transferencia y fusión final de los dos personajes, que como en el caso de la mujer pantera (o araña, como dice el título y explica Valentín hacia el final en referencia a Molina) los termina destruyendo. Molina morirá por unas ideas políticas que le ha inculcado Valentín, y que no son propiamente suyas, y Valentín será víctima de la pasión que le ha inoculado Molina. En cualquier caso, sin embargo, no es un final trágico. En la última palabra del sueño agónico de Valentín está la clave.

Este sueño es corto pero es feliz.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

dgenis has 206 posts and counting.See all posts by dgenis

Deja un comentario